Efecto invernadero de Mario Bellatin

mario bellatin
Mario Bellatin (1960)

Hay escritores cuyo universo y estilo –palabra que en determinados casos no dice mucho– pueden ser identificables con solo recorrer algunas páginas. La narrativa del peruano-mexicano Mario Bellatin (1960) es uno de esos casos. Antes de señalar algunas ideas sobre la forma de composición de Efecto invernadero, creo que es necesario pensar que en lengua castellana hay una idea del virtuosismo de un tipo de escritura, que es la del desafío de la sintaxis a través de la composición de largos párrafos y oraciones. A esta forma de composición se le atribuye el adjetivo de “lírico”, y muchas malas ficciones se han escrito con ese pretexto. Por otro lado, hay otro grupo de escritores que han renovado la lengua castellana con el gesto contrario, es decir, otorgarle a la –“histórica”– retoricidad del castellano una precisión que Flaubert llamaba le mot juste. Se me ocurren los nombres de dos maestros de la ficción breve: Juan Rulfo y Jorge Luis Borges. Ciertamente no existe fórmula que garantice la renovación de una lengua sino experiencias y casos específicos en su encuentro con los lectores y épocas.

La escritura –a un primer nivel del nivel formal– de Mario Bellatin ha sido, por su predilección por laflores_peisa_per_grandes formas breves y sugestión, calificada como lírica, pero creo que sería mejor calificarla de una búsqueda de la precisión. Hay siempre un narrador que media entre la ficción y los lectores, tratando de esconder su subjetividad. Así, se podría decir que desde el nivel de composición formal, el caso de novelas como Flores (2001) y Efecto invernadero (1992) apelan a dos planos de la “objetividad”. Por un lado se encuentra un lenguaje centrado en la descripción precisa de los eventos en que se trata de mediar el juicio o sentimiento del narrador, y por otro lado el universo narrativo está determinado por la interacción entre los objetos y los personajes. Entonces el lector se encuentra con ficciones que tratan de borrar o “depurar” y alcanzar lo sumamente esencial-tangible. No existe descripción de un contexto específico aunque los espacios y épocas son reconocibles. Otro nivel formal es la composición de las ficciones que puede alternar entre el episodio y el fragmento. Este gesto atomiza el tiempo de la narración y quiebra, muchas veces, la idea de “trama” unida a una causalidad. Por estos gestos formales, el universo de Bellatin ha hecho suya una experiencia “objetiva”, y que puede provenir de varias lecciones, entre las que se encuentra sin duda, sus lecciones de los maestros de la narrativa japonesa.

Efecto invernadero (1992) se encuentra entre una de sus ficciones tempranas, y la trama evoca la muerte –tal como Bellatin ha mencionado en alguna entrevista–, del poeta y pintor peruano César Moro, y cuya atmósfera de agonía se recrea en la novela. La novela enuncia su propia pregunta: ¿qué sucede con la belleza cuando la muerte la acecha y obliga su fin? Esta pregunta parece encontrarse no solo en las ficciones de Bellatin, sino también en otros escritores que tantean la búsqueda de la belleza, coincidentemente, en la imaginería de inspiración japonesa.

La nouvelle cuenta con 25 episodios. Quisiera llamar episodios y no fragmentos, debido a que el primero no se refiere necesariamente a un encadenamiento de hechos o la conformación de un todo, sino de momentos que son narrativamente significativos, porque ofrecen información necesaria para descifrar la experiencia del protagonista. En el caso de Efecto invernadero, son los eventos previos a la agonía, la agonía misma, y la relación entre los personajes que rodean a Antonio en su tránsito hacia la muerte. Esta información evoca la vida de César Moro: su estancia en París, sus prácticas artísticas, su estancia en México, su madre creyente, y claro está, hace guiños a su apasionada relación con Antonio.

El tema central, sin embargo, no es la relación entre el protagonista, Antonio, con alguna fuerza que podríamos llamar “tangible” u “objetivada”, sino su paso hacia el fin. Este tránsito hacia la muerte implica, tal como señala la “nota” introductoria del propio Bellatin, una cuestión de “forma” en la que intervienen “objetos” en el acompañamiento mortuorio. Este acompañamiento no solo se encuentra a un nivel “temático” sino a un nivel formal. Para mejor explicar la composición de esta forma de entender la construcción de una historia, es importante señalar la nota que acompaña a Flores: “Existe una antigua técnica sumeria, que para muchos es el antecedente de las naturalezas muertas, que permite la construcción de complicadas estructuras narrativas basándose solo en la suma de determinados objetos que juntos conforman un todo”. Se puede aplicar esta lógica también a Efecto invernadero. Los objetos que acompañan a la agonía de Antonio cobran un sentido narrativo, no tanto en lo que pueden contar sino significar u ofrecer como experiencia del tiempo. Poniéndolo en términos un poco más precisos: los objetos alineados con el cuerpo generan una experiencia de quietud –como la naturaleza muerta– que invitan a un estado contemplativo de las formas instaladas, y por lo tanto un “escenario” ritual.

cesarmoro
El poeta y pintor peruano César Moro (1903-1956)

Este gesto implica que la ficción se centre en una experiencia. Había comentado sobre cómo la belleza y la muerte eran dos preocupaciones importantes en la obra de Bellatin. Efecto invernadero ofrece una composición organizada por una idea de belleza: los objetos que rodean al cuerpo de Antonio pueden provenir de distintas liturgias, y se encargan de investir el momento de tránsito y agonía de una solmenidad sagrada que no tiene mucho que ver con la experiencia religiosa, sino con la experiencia de la belleza. De esta forma, la muerte, que se piensa ser un estadio del fin de la belleza, es vehículo de su experiencia y vincula la corrupción de la carne con lo sagrado. Pero para ello se necesita un código individual y particular (como el cuaderno de Antonio con direcciones específicas sobre el velorio) que da forma a esta composición. Solo a través de una forma se puede acceder a ello. Es imposible, por ello, disociar “los temas” de la nouvelle con las formas que propone. Lo que ofrece Bellatin y encuentro sumamente interesante es una alternativa que no está tanto en sintonía con la idea de la forma narrativa en cierta idea contemporánea que sugiere, por ejemplo, la introducción de un lenguaje de nuevas formas de información, que se acerca más a formas de momentos históricos de la vanguardia como el montaje o el kitsch, que ya a cien años parecen más bien pasados de época, sino en un gesto que hicieron los primeros artistas plásticos modernos y luego las vanguardias: sumergirse en formas de las civilizaciones antiguas y no-occidentales.

Finalmente, hay una serie de aspectos interesantes que aborda la nouvelle, como la percepción del Mal forjada por la tradición bíblica, la exploración del cuerpo en sus diferentes facetas: la novedad infantil, la sexualidad, la agonía. Así, la reedición de Petroperú, que es la edición que he podido leer (Copé, 2014) debe ser saludada como un gesto que abre la posibilidad de  introducir la obra de Bellatin a nuevos lectores –refrescando así su espectro– y poner nuevamente en discusión la experiencia de muerte en la sensibilidad contemporánea. [Miluska Benavides]

Un comentario sobre “Efecto invernadero de Mario Bellatin

Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: