Colegiala, de Osamu Dazai


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Al explorar la obra de Osamu Dazai, pseudónimo de Shuji Tsushima, nacido en 1909, encontramos más información sobre su vida que sobre los libros que escribió, y no es un hecho que deba sorprender puesto que su biografía, trajinada por diversos avatares, supera por mucho la ficción. El punto final lo puso el autor el día que se suicidó arrojándose a un río junto con una mujer. El afluente estaba particularmente cargado por esas fechas y el cadáver del escritor demoró en ser encontrado. Apareció el día en que Dazai hubiera cumplido treinta y nueve años, en 1948.

¿Qué vicisitudes marcaron la vida de este escritor? Si bien nació en una familia de buen nivel social y económico, debido a la salud frágil de su madre fue criado por la servidumbre, lo que parece haber mellado su infancia. Siendo adolescente intentó matarse tomando somníferos luego de enterarse del suicidio de Akutagawa, a quien admiraba. A este primer atentado contra su vida le siguieron otros cuatro, que se inscriben en una tradición japonesa: el suicidio de dos amantes (un clásico de la literatura japonesa relata este hecho: la pieza teatral para marionetas Los amantes suicidas de Sonezaki, de Chikamatsu Monzaemon, impactó tanto en la población que en la temporada de su estreno se incrementaron los suicidios dobles; un evento parecido ocurrió luego de la publicación de Las penas del joven Werther). Más allá del morbo o el interés netamente biográfico de estos hechos, debemos rescatar la importancia que tuvieron las mujeres en la vida y la obra de Dazai, a tal punto que desde 1936 a 1947 (¡una década!) escribió, entre otros, relatos narrados por mujeres. Impedimenta ha traducido la antología que reúne catorce de estos cuentos compendiados por la editorial Kadokawa en 1997; la traducción estuvo a cargo de Ryoko Shiba y Juan Fandiño.

La elección de la voz narrativa de estos relatos no llamaría la atención si es que Dazai no fuera conocido como uno de losindigno-de-ser-humano_417x600 maestros de la literatura del yo (watakushi shosetsu). Este subgénero literario se caracteriza por narrar hechos autobiográficos en primera persona, por lo que estas ‘confesiones’ tuvieron gran aceptación por parte del público lector japonés. Son varios los autores que alcanzaron la fama escribiendo novelas del yo, incluso se suele mencionar en esta lista a Mishima y su libro Confesiones de una máscara; sin embargo, no debemos olvidar que este autor juega con la estructura de este tipo de novelas, pero le da vuelta, ya que no narra sus confesiones, sino las de una máscara. La obra con la que Dazai se consagra es Indigno de ser humano (Ningen Shikkaku), publicada pocos meses antes de morir. Contada también en primera persona, relata descarnadamente hechos de su vida que lo llevan a convertirse en un no humano, sin posibilidad de redención.

En Colegiala el narrador cambia: el yo de Dazai se desplaza y da vida a mujeres de diversa condición, edad, modos de pensar y vivir. Estos personajes femeninos, muy bien construidos, revelan la gran capacidad de observación del escritor y quizá un homenaje a las mujeres con las que se relacionó en su corta vida, que coincide con un episodio doloroso para Japón, la participación de la isla en la Segunda Guerra Mundial. Así, en estos relatos el trasfondo histórico cobra importancia, vemos a las mujeres transitar por el Japón de antes de la guerra, durante el conflicto y la etapa de reconstrucción posterior (el relato “Dinero”, narrado por un billete de cien yenes con voz femenina, resume este periodo; y en el balance que hace de la vida, es una prostituta pobre la que demuestra tener incluso más valor que los soldados que van a la guerra). En este contexto, las mujeres recuerdan y cuentan lo que han vivido para hilvanar una historia que justifique su presente, quizá un modo de entender la soledad que las rodea a pesar de estar casadas o de tener hijos o de estudiar en la escuela. Al terminar sus relatos, las mujeres continúan con su día a día resignadas, incluso algunas niegan el milagro de la revelación que puedan haber experimentado en el pasado (“El árbol de cerezo y el silbido mágico”), niegan el amor que las motivó a correr siguiendo a un hombre por la noche (“Nadie sabe”), dejan de lado su propio bienestar con tal de ser un consuelo para otros (“Una señora encantadora”). Otros relatos, más irónicos, narran sutilmente cómo una crisis doméstica puede crecer en la mente de una mujer a tal punto de considerarse el peor de todos los seres; superado el problema, la mujer regresa a la normalidad, un poco avergonzada por sus pensamientos previos (“Piel y corazón”).

dazai1Dazai recrea la intimidad propia de los ambientes femeninos desde la estructura de sus relatos (ya en el clásico Genji Monogatari, las mujeres conversaban siempre ocultas tras biombos). Estas son las estructuras más frecuentes: el diálogo/soliloquio entre la protagonista y, probablemente, otra mujer que solo se limita a escuchar, nunca sabemos qué opina. En otros cuentos, como en “Colegiala”, la narración se elabora como confidencia de la protagonista a los lectores. A veces los personajes escriben (un género literario clásico de Japón son los nikki, o diarios, como el célebre Libro de la almohada, de Sei Shonagon), pueden ser cartas que son enviadas a un remitente que no responde nunca, o pueden ser páginas de un diario en el que las protagonistas describen su día a día (como en “8 de diciembre”, relato en el que una mujer escribe todo lo que ha hecho en ese día tan importante para Japón, cuando le declaró la guerra a Estados Unidos).

¿Pero realmente Dazai narra y explora el universo femenino? Luego de leer estos cuentos, considero que más quedazai sumergirse en la psicología femenina, el autor busca un medio para reflexionar sobre sí mismo y su oficio como artista/escritor. Uno de los temas que está presente como subtexto en la mayoría de cuentos es la relación entre una mujer y un artista (joven o adulto), y cómo este la engaña y se engaña a sí mismo. Entre las críticas que pesan sobre estos artistas se identifican la mentira de la ficción que aparenta ser ‘biográfica’ (“Vergüenza”), el abandono del ideal artístico en cuanto se empieza a conseguir fama (“Un grillo”), la cobardía de los poetas que enfrentan la vida real, encarnada en la muerte del ser amado (aunque debe considerarse que se trata de un poeta inventado en las cartas del personaje de “El árbol de cerezo y el silbido mágico”), el desinterés por las actividades cotidianas debido a que se considera que son impropias de un artista (“Cuento de una noche de nieve”), el suicidio de un escritor-periodista con motivos aparentemente loables que intentan ocultar la frustración que siente por haber embarazado a su amante y no poder decírselo a su esposa (“Osan”, gran relato en el que Dazai juega con un ‘arquetipo’ clásico: la esposa del marido infiel; la estructura del relato se basa en Los amantes suicidas de Amijima, de Monzaemon, escrito luego del éxito de Los amantes suicidas de Sonezaki).

Gracias a Impedimenta, podemos conocer esta faceta de la obra de un escritor más conocido por su trágica vida que por su magistral obra literaria, que va más allá de Indigno de ser humano y la novela del yo. [Rocío H.]

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