Narración de Arthur Gordon Pym, de Edgar Allan Poe

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Copia fotográfica de Poe por Oscar Halling (1849).

La única novela que escribió Edgar Allan Poe empieza con un texto que enumera las aventuras del protagonista:

Narración de Arthur Gordon Pym de Nantucket la cual comprende los detalles de un motín y atroces carnicerías a bordo del bergantín norteamericano Grampus en su viaje a los Mares del Sur; con un relato de la reconquista del buque por los sobrevivientes; su naufragio y horribles sufrimientos por el hambre; su rescate por la goleta británica Jane Guy; el breve crucero de esta última en el océano Antártico, su captura y matanza de la tripulación en un archipiélago del paralelo 84 de latitud sur, conjuntamente con los increíbles descubrimientos y aventuras, más al sur, a los cuales dio lugar esta espantosa calamidad.

Ilustración de Luis Scafati.
Ilustración de Luis Scafati.

Si bien conocemos todo lo que va a pasar de antemano, se agradecen los detalles, ya que son estos y los motivos obsesivos que ponen en movimiento los cuentos más recordados de Poe (pienso en “El entierro prematuro” y en “Un descenso al Maelström”), los que hacen que este libro, bastante cuestionado por parte de la crítica[1], no se convierta en el hijo tullido de la familia, que por lo mismo se olvida, siempre opacado por la perfección de los hermanos sanos (los cuentos y la poesía del autor de Baltimore).

Efectivamente, lo más criticado del libro es su armazón, la estructura, porque hay un exceso: las constantes peripecias que afronta el protagonista no conceden respiro al lector y contrastan, al mismo tiempo, con los únicos momentos de calma: el rescate de los náufragos y la extensa revista de expediciones previas a los Mares del Sur. Sin embargo, si buscamos precedentes de este tipo de estructura (un viaje salpicado de peripecias), encontramos primero un referente clásico: el regreso a Ítaca que emprende el astuto Ulises. Un poco más cerca en el tiempo tenemos los relatos de náufragos que angustiaron a los lectores de los siglos XVI y XVII, como Naufragios, del español Cabeza de Vaca; y La peregrinación de Bartolomé Lorenzo, por citar casos en nuestro idioma. En el siglo que vivió Poe, las crónicas de viajes también eran bastante celebradas; entre ellas destaca el relato de Jeremiah N. Reynolds por el Pacífico y el Polo Sur, Address on the Subject of a Surveying and Exploring Expedition to the Pacific Ocean and the South Seas, una de las referencias del autor al momento de escribir la Narración. La clave de estas crónicas es el exceso de peripecias, que encantaban a los lectores porque las leían sin el filtro de la ficción, y esperando que todo lo escrito fuera real, es evidente que era el morbo lo que los motivaba. Más que como novela (para evitar los juicios respecto a si se trata de un libro logrado o no), prefiero leer la Narración en esta tradición de crónicas de viaje y relatos de náufragos, pero con el ingrediente fantástico que va in crescendo conforme Pym se acerca más y más al sur.

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Primera edición de la “Narración de Arthur Gordon Pym”. Fotografía tomada del blog de Nicholas Kaufmann.

Se ha demostrado que la realidad puede ser mucho más apabullante que la ficción, y Poe parte de esa premisa para darle verosimilitud al relato de Arthur G. Pym (y ganar lectores). Debemos conocer primero la composición del texto: Poe publicó por entregas la primera parte de las aventuras en el Southern Literary Messenger. Cuando dejó su cargo como crítico en la mencionada revista, Poe abandonó también la Narración. Retomó el proyecto y lo publicó finalmente en dos volúmenes en julio de 1838, bajo el sello de Harper & Brothers, acuciado por la necesidad y confiando en que una novela con un tópico tan atrayente fuera bien recibida por los lectores (el único espacio del mundo que faltaba conquistar en ese entonces era el que comprendía las regiones heladas del globo). Para darle coherencia y verosimilitud al relato, Poe presenta a Pym como persona real y autor del libro. Añade un prefacio firmado por Pym, en el que este explica las razones por las que evitaba publicar su viaje al sur: dudaba de que el público diera crédito de lo que él había vivido y también desconfiaba de sus habilidades como narrador. Mr. Poe, como Pym lo llama, se ofrece a escribir sus peripecias y publicarlas en el Messenger: “Fue así como la pretendida ficción se publicó en dos números del Messenger —enero y febrero de 1937—, y, a fin de que nadie tuviera la menor duda de que se trataba de una obra imaginaria, el nombre de Mr. Poe quedó incorporado a las dos partes en el índice de la revista”. La recepción fue opuesta a la que Pym esperaba: “a pesar del tono de ficción tan ingeniosamente impreso a las partes publicadas en el Messenger —por cierto que sin alterar o deformar el menor hecho—, el público no se mostró dispuesto a recibirlas como una obra de imaginación”; por lo que se animó a completar la Narración, no sin antes aclarar las diferencias de estilo entre lo escrito por Poe y por él: “Incluso los lectores que no las leyeron en el Messenger notarán dónde terminan éstas y comienzan las mías; las diferencias de estilo son de las que se advierten enseguida”. Lamentablemente, Pym muere en un accidente antes de culminar su relato; se pierden, además, las anotaciones finales. El editor del libro (también inventado por Poe) escribe un apéndice en el que añade algunos datos para entender los últimos capítulos. Resulta más que evidente la intención de Poe de llamar la atención del lector al presentar el relato como real, y no como “una obra de imaginación”. Pero por mucho que se empeña en llevar el relato por el derrotero del realismo, la última sección (la parte que ‘escribe’ Pym) es completamente fantástica y, quizá por lo mismo, imposible de terminar.

Ilustración de Luis Scafati
Ilustración de Luis Scafati

Expuestos los problemas y artilugios de la estructura (¿novela o crónica de un náufrago?) y la composición, solo queda comentar el libro en sí. El protagonista es Arthur Gordon Pym, de Nantucket, quien escapa de su casa para embarcarse en la nave de su amigo Augustus. Hay tres arcos argumentales: 1) Arthur y su amigo Augustus, animados por el alcohol, se enfrentan al mar embravecido en un bote pequeño y naufragan; 2) Augustus invita a Arthur a un viaje que hará con su padre en su nave, el Grampus, con el objetivo de cazar ballenas; y 3) Arthur viaja rumbo al sur a bordo de la goleta Jane Guy. Como se había explicado, desde el inicio hay peripecias (siguiendo la definición aristotélica: hay cambios de la acción en el sentido contrario) que llevan al límite a Arthur a tal punto que le hacen pensar que todo está perdido, pero sobrevive, no solo por milagro, sino porque, a diferencia de varios personajes, no se deja arrastrar totalmente por la locura; digamos que, de cada cambio adverso, Arthur sale fortalecido, sea cual sea el tormento con el que tenga que lidiar (porque son tormentos los que pergeña Poe).

Ilustración de Luis Scafati
Ilustración de Luis Scafati

En el primer arco argumental, nuestro personaje, pese a la terrible experiencia del naufragio, siente el llamado del mar, no solo por la emoción de vivir una aventura, sino más bien atraído por aquellos viajes que fracasan: “Es extraño, en efecto, que mi mayor atracción por la vida de los marinos se derivara de aquellos relatos en que Augustus describía terribles momentos de sufrimiento y desesperación”. Nuestro personaje es más cercano a las criaturas melancólicas que pueblan los cuentos de Poe, que a los héroes aguerridos que uno espera encontrar en narraciones de este tipo. Y es este temple el que se ve puesto a prueba una vez que Arthur sube al Grampus (segundo arco argumental), y permanece escondido en la bodega de la embarcación, en la que, además de importar los problemas técnicos que implica acomodar cajas y barriles, se va tejiendo una pesadilla similar a la de “El entierro prematuro” o “El pozo y el péndulo”. Poe nunca deja de lado el aspecto técnico, aquellos detalles que dan verosimilitud al relato, mientras va creando la atmósfera oscura y agobiante que Arthur ignora alegremente al principio, confiado como está, rodeado de comida y agua para un par de días, tiempo que demoraría Augustus en liberarlo. Pasa el tiempo, las provisiones se agotan, y no hay señales de Augustus. El hambre y la sed hacen desesperar a Arthur, quien, rodeado de oscuridad total, intenta encontrar un camino que lo lleve a la superficie de la nave. Ahí inicia la pesadilla: primero personal; luego compartida[2], cuando se enfrenta al escenario sangriento que lo espera en la borda producto de un motín. Los sucesos avanzan inexorablemente y cada vez las pruebas son más difíciles: se enfrenta a la crueldad de los hombres y sale victorioso, pero ¿cómo puede sobrevivir a las inclemencias del mar y sus bestias? En estas circunstancias, suceden dos de los hechos más llamativos del libro y que suelen ser citados a menudo: la nave de los muertos y un episodio de canibalismo. No entraremos en detalles que el lector debe descubrir solo.

Ilustración de Luis Scafati
Ilustración de Luis Scafati

El tercer arco argumental empieza con un estado de la cuestión respecto a las expediciones al sur y sus descubrimientos. Frente a estos hechos, está la experiencia de Arthur, que es completamente diferente a lo que usualmente se repite: en el sur no hay más que hielo. Por el contrario, la tripulación de la Jane Guy luego de atravesar un territorio helado pasa a una zona de mar despejado y clima más o menos agradable, donde encuentra islas habitadas y animales extraños. En estas escenas y las siguientes se va trazando sutilmente una oposición entre lo negro y lo blanco, que compone la cosmología de los pobladores de la isla Tsalal y que podría resolver el misterio del final: cuando Pym, junto con Peters y un isleño que —literalmente— se muere de miedo, son arrastrados por una corriente marina (el agua es extrañamente espesa y caliente) y contemplan un portento. Sobre este final abrupto, el filósofo Gaston Bachelard propone lo siguiente:

A las puertas de un gran misterio, Pym-Poe se ve precisado a callar. Y este silencio tiñe todo el libro con un horror sagrado, insinúa un sentido ambiguo en cada escena anterior, enriquece misteriosamente el relato y a la vez lo desnuda de su frágil truculencia para dejar entrever detrás de esas matanzas, ese canibalismo, esa exhibición de cadáveres descompuestos, un signo profundo del hombre en lucha consigo mismo con el destino. Quizá por eso no hay férula estimativa capaz de quitarle el indefinible, sigiloso prestigio de que goza en el mundo entero.

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Ilustración de Luis Scafati

Al momento de leer el libro, el lector se percatará de que Poe juega con motivos de sus cuentos: el entierro en vida, la aparición súbita de un cadáver, la furia del mar, la angustia que causan la oscuridad y los espacios cerrados, entre otros. Termino esta invitación a la lectura, citando nuevamente a Bachelard: “Cuando se cierra el libro de Las aventuras de Gordon Pym parecería que se hubiese ido tan lejos, que se hubiese habitado un mundo donde caminan sombras tan desconocidas que, en el fondo del ensueño, se guarda la impresión de no haber vuelto de él y de que, en la media luz, todavía viven fantasmas”.


Edición de Library of America. El segundo tomo dedicado a Poe recopila sus ensayos y reseñas.
Edición de Library of America. El segundo tomo dedicado a Poe recopila sus ensayos y reseñas.

Sobre la edición:

He leído la Narración de Arthur Gordon Pym en inglés, en el volumen de poesía y cuentos completos de la colección The Library of America, ambicioso proyecto de la Fundación Ford. En español, he revisado la excelente edición ilustrada publicada por Libros del Zorro Rojo. La traducción, por supuesto, es la que hizo Julio Cortázar; las ilustraciones estuvieron a cargo del argentino Luis Scafati. Las citas del cuento y del prólogo responden a esta edición.

El ensayo de Bachelard se titula “Las aventuras de Gordon Pym” y se encuentra en el libro El derecho de soñar, editado por el Fondo de Cultura Económica.

Las ilustraciones que acompañan esta reseña pertenecen a Luis Scafati; algunas son variaciones de las que finalmente se publicaron en el libro. Al respecto pueden consultar el blog del artista. [Rocío H]


[1] La edición que comento va precedida por una introducción de su traductor: Julio Cortázar. En esta explica cómo fue recibido este libro por la crítica y los poetas (dos lecturas opuestas, según Cortázar): “Si toda la obra de Edgar Allan Poe ha sido y sigue siendo un fértil terreno polémico, en Pym alcanza quizá su punto más crítico. A la opinión dominante en el sector erudito, según la cual este relato representa un fracaso de la mayoría de los principios y aun de las facultades creadoras de Poe, se opone la entusiasta aceptación de los poetas y de los aficionados a un género que cabría calificar de ‘realismo mágico’, en el que encuentran el doble valor de un libro de aventuras lleno de episodios ‘vividos’ y a la vez de una corriente subterránea evasiva y extraña, un trasfondo que cabría considerar alegórico o simbólico de no tener presente la tendencia contraria del autor, y sus explícitas referencias en este sentido”.

[2] Poe no descuida los vínculos entre Arthur y los demás personajes. Salvo el buen Augustus, todos los demás, incluido el fiel perro Tigre, son criaturas en las que no se puede confiar totalmente. Quizá el más logrado es el marinero Peters, un personaje ambiguo, de pocas palabras, y clave en la supervivencia de Augustus luego del motín que se produce en el Grampus; en la segunda parte del relato se convierte en la mano derecha de Arthur hasta la escena final.

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