Mansfield Park, de Jane Austen

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Jane Austen, Universidad de Texas.

Mansfield Park fue publicada en 1814 en tres volúmenes. Jane Austen (Steventon, 1775 – Winchester, 1817) empezó a escribirla en 1811 y la terminó en 1813. A diferencia de los personajes femeninos de sus otras novelas, como Elizabeth Bennet de Orgullo y prejuicio, la pequeña Fanny Price es un personaje tímido que a veces es calificado como “insípido”[1]. Sin embargo, hay un cambio importante durante la narración, consecuente con la educación que Fanny recibe: si bien al principio se resigna a su suerte, luego afronta con éxito los complicados vínculos que se tejen en la clase social alta, sobre todo en lo que respecta al matrimonio. El argumento es sencillo: Fanny, la segunda hija de la hermana menor de las Ward (quien por un mal matrimonio vive casi en la pobreza), es adoptada por su tía y su esposo, sir Thomas Bertram, y se va a vivir con ellos a la mansión de Mansfield Park.

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Primera edición de la novela. Lilly Library, Universidad de Indiana.

El único reparo de sir Thomas era que quizá alguno de sus hijos (Tom o Edmund) se enamorara de Fanny, pero este temor fue desechado debido a que, si crecían juntos, su vínculo sería fraternal. Lo que no sabe ninguno, salvo la narradora, quien juega con el secreto, es que Fanny se enamora de Edmund, pero no lo manifiesta nunca porque, después de todo, ella no tiene voz ni voto en la familia; su deber es, como se lo recuerdan siempre, ayudar a todos y agradecer el esfuerzo que sus tíos hacen por criarla. Este aspecto es importante y justifica el carácter “insípido” de la heroína. Ella recibe la misma educación que sus primas (Maria y Julia), pero siempre está en desventaja: o le cuesta aprender idiomas o memorizar las largas listas de nombres de emperadores romanos o ríos de Rusia (nótese que una buena educación consistía básicamente en memorizar datos y desarrollar talentos: pintar, aprender a tocar algún instrumento, etc.); o su salud débil le impide tomar parte de las actividades que realizan sus primas. Gracias a la bondad de Edmund, quien es el más sensato de los hijos de sir Thomas, Fanny supera estos problemas: él la ayuda a cultivar su sensibilidad a partir de las lecturas que le recomienda; y la motiva a tomar lecciones para montar a caballo, porque él considera que un poco de actividad física puede ayudarla a mejorar su salud. Como consecuencia de esta “educación sentimental”, Fanny forma un carácter moralmente irreprochable (aunque hay que reconocer que ya había una disposición natural en ella) y establece un vínculo sólido (fraternal, maestro-discípula) con Edmund. Pero no todos son amables como él: tía Norris le hace constantes reproches sobre su situación de segundona, por lo que Fanny ocupa el papel de observadora, fundamental para entender, a partir de sus ojos, los problemas que surgen en el locus amoenus Mansfield Park cuando sir Thomas parte a Antigua con la intención de enderezar sus negocios.

La partida del patriarca implica que las reglas en casa se suavizan, debido a que ninguno de los que se quedan es capaz de mantener el orden. Esto se debe a las inclinaciones sentimentales o de carácter material de los personajes. Empecemos por los adultos: tía Bertram y tía Norris. Ambas son hermanas de la madre de Fanny y sus personalidades son totalmente opuestas. Tía Bertram, bastante lánguida, delega la toma de decisiones o a Edmund o a su hermana; se pasa el día preocupada de su labor, acariciando a su perro faldero o durmiendo; por el contrario, tía Norris, quien tampoco tiene capacidad de mando, solo toma decisiones económicas debido a su tacañería; además, está cegada por el cariño que les profesa a Maria y a Julia. Muchas de las nefastas decisiones que toma se debe a sus intentos por conseguirles excelentes maridos (le importa más la renta que, en efecto, alguna sienta un verdadero interés). Tom, quien está ausente en la primera parte de la novela, parte con su padre, pero luego regresa; sin embargo, es irresponsable y lo ha demostrado gastando parte de su herencia y tomando lo que le corresponde a Edmund. El único capaz de llevar la casa es Edmund, el segundo hijo; como él no va a heredar ni el título ni las tierras, debido a esto y por vocación, decide ordenarse. Si bien es el más responsable de todos, su juicio se nubla cuando conoce a Mary Crawford, se enamora de ella y la pretende en matrimonio.

Los Crawford llegan a la rectoría que pertenece a Mansfield Park y cuyo cargo ha sido asumido por el señor Grant y su esposa. Henry y Mary son medio hermanos de la señora Grant, poseen una envidiable renta y han pasado gran parte de su vida en los frívolos salones londinenses. Mary pretende casarse con un hombre que le permita llevar el nivel de vida al que está acostumbrada. Henry, por el contrario, no está dispuesto a enamorarse, prefiere expandir su fama de rompecorazones. Mary se va enamorando de Edmund, pero siempre lo trata burlonamente, puesto que va a ordenarse, no tiene un título nobiliario (Tom heredará el título de baronet de su padre) y su renta es pequeña. Henry, al conocer a las Bertram, empieza a coquetear con ellas, sobre todo con Maria, quien está comprometida con Mr. Rushworth debido a las mediaciones de tía Norris. La frivolidad de ambos chocará con los principios morales que rigen en casa de los Bertram.

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Adaptación de 1999. Dirigida por Patricia Rozema.

Todos los personajes están dispuestos en el capítulo 4 y Jane Austen, con harto detalle e ironía va construyendo lentamente toda una puesta en escena (que termina con un montaje verdadero) en la que cada uno espera obtener algún beneficio; por ejemplo, Maria, amparada en su compromiso con Rushworth, se muestra liberal con Henry. Fanny observa, horrorizada, cómo los galanteos de Henry van rebasando los límites; además, si bien al principio Edmund desconfiaba de los Crawford, poco a poco va cediendo ante los encantos de Mary: a diferencia de Fanny, es más osada (aprende a montar en un día), su conversación fluye entre agudezas y frivolidades, sabe tocar el arpa, etc. Fanny acompaña a Edmund durante el proceso de enamoramiento (hay emotivos cambios de escena: Fanny y Edmund conversan cerca de una de las ventanas del salón, contemplan las estrellas; Edmund se aleja luego para hablar con Mary, que está más cerca de las luces de las velas), y no hay nada que le cause más dolor que escuchar las confesiones que Edmund le hace. La prosa de Austen se luce más cuando arma las escenas centrales del libro (importantes porque implican giros en la narración y cumplen, en general, funciones estructurales). Una de estas escenas es la visita a Sotherthon (donde está la mansión de los Rushworth) con el consecuente paseo. Fanny se queda sola y observa cómo las parejas se van armando: Edmund y Mary, por un lado; Henry y Maria, por el otro; rezagados y olvidados se quedan Julia y Mr. Rushworth (este es demasiado torpe para darse de cuenta de que Henry coquetea con Maria; completamente ciego, el final del personaje es predecible). Todas estas tensiones se incrementan cuando deciden poner en escena Lover’s Vows (la escena memorable del libro), que se organiza debido a la llegada de Mr. Yates, un amigo de Tom. La obra, que Edmund y Fanny califican de inmoral, les permite a varios confesarse a través de sus personajes. En el momento álgido (Henry sujeta con pasión la mano de Maria) aparece sir Thomas.

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Adaptación del 2007, dirigida por Iain B. MacDonald.

Con su regreso empieza un nuevo arco en la historia: Maria se casa con Rushworth y sale de escena; lo mismo Julia, quien la acompaña a Londres; Henry también abandona Mansfield Park, pero luego regresa. Si bien todo vuelve a ser como antes, los miembros de la familia (con excepción de la tía Norris) empiezan a tratar a Fanny con mayor consideración (ayuda bastante que ella haya censurado la presentación de Lover’s Vows, debido a esto gana la estima de sir Thomas). Por ejemplo, los Grant invitan a Fanny a almorzar con ellos por primera vez (hay que señalar que ella aún no ha sido presentada en sociedad); sir Thomas ordena que siempre haya fuego en la habitación-refugio de Fanny, además de permitirle usar un carruaje; otro detalle que tiene su tío es invitar a William, el hermano querido de Fanny que tiene una carrera en la Marina, a Mansfield Park; etc. Estos cambios y la ausencia de sus primas, sumados a su candor, su inocencia y su juicio moral severo, la vuelven atractiva ante los ojos de Henry, quien decide conquistarla. Esto es importante puesto que Fanny deja de convertirse en espectadora y pasa a ser la protagonista de la historia. Este será el momento en que su educación se ponga a prueba porque, pese a que sabe que el matrimonio es conveniente, mejor del que merecería (en palabras de sir Thomas), no quiere a Henry. Ella, evidentemente, lo rechaza: su frivolidad ha quedado más que demostrada; además, ella está enamorada de Edmund.

La tercera parte del libro palidece frente a las anteriores. Austen manda a su heroína de regreso a casa. La razón queda justificada mediante una resolución de sir Thomas: espera que Fanny extrañe Mansfield Park por contraste cuando la pobreza en la que vive su familia en Porthsmouth se haga evidente; el objetivo es que deje de mostrarse renuente a contraer matrimonio con Henry. Con Fanny lejos de Mansfield Park, la única forma de que se entere de lo que sucede es mediante las cartas que recibe de su tía y de Mary. Las escenas pasan bastante rápido y lo que hubiera tomado narrar varios capítulos se reduce a unas cuantas cartas y una nota de un periódico. Este método epistolar pareciera una salida rápida de parte de la autora, pero le permite omitir pasajes inmorales que quizá hubieran sido difíciles de narrar y también una solución indirecta a los conflictos sentimentales sin resolver, como la postergada declaración de Edmund a Mary que mantiene en vilo a Fanny:

Nada bueno puede salir de este aplazamiento, se decía. ¿Por qué no ha quedado ya resuelto? Él está ciego y nada conseguirá abrirle los ojos… no, nada podrá abrírselos, después de haber tenido la verdad ante sí, completamente en vano. Se casará con ella, y será infeliz y desgraciado. “¡Con el cariño que me tiene Mary!” Absurdo. Ella no quiere a nadie más que a sí misma y a su hermano. […] “La pérdida de Mary significaría para mí la pérdida de Henry y de Fanny.” ¡Edmund, tú no me conoces! ¡Nunca emparentarán las dos familias, si no estableces tú el parentesco! ¡Oh!, escríbele, escríbele. Acaba de una vez. Pon término a esta incertidumbre. ¡Decídete, entrégate, condénate a ti mismo![2].

La última parte es más una revista de cómo terminan todos los personajes. La autora se justifica con esta sentencia:

Que abunden otras plumas en la descripción de infamias y desventuras. La mía abandona en este punto esos odiosos temas, impaciente por devolver un discreto bienestar a todos aquellos que no están en grave falta, y por terminar con todos los demás.

Mansfield Park es, en general, un excelente libro. Gana bastante por la caracterización de los personajes. La forma de hablar de cada uno y cómo hablan entre ellos de otros permite dotar de identidad propia a, por ejemplo, sir Thomas, la tía Norris y Mary Crawford. Esto evita que los personajes se conviertan en ideas andantes (sir Thomas y su discurso sobre la familia, Edmund y su vocación sacerdotal, Fanny y la moral). Las escenas de conflictos, armadas con precisión, son notables en términos estructurales; además de las mencionadas, conviene citar la partida de cartas que tiene lugar en la rectoría, la lectura de Henry VIII de Shakespeare en el salón de Mansfield Park, el baile que se organiza en honor a Fanny y William, entre otras. El aspecto negativo que ya se ha criticado bastante sobre la obra en general de Austen es que sus libros se desarrollan dándole la espalda a los conflictos históricos, sociales y políticos. La realidad que vemos en Mansfield Park es el campo, pero no las granjas ni a los pobladores que cultivan la tierra, sino la amplia y tranquila mansión de los Bertram; los salones londinenses frecuentados por la clase alta; y Porthsmouth. Quizá la descripción de este espacio sea uno de los más logrados:

El sol estaba todavía a una hora y media sobre el horizonte. Pensó en que había pasado, realmente, tres meses ahí. Y los rayos del sol, que entraban de lleno en la habitación, en vez de alegrarla aumentaban aún su melancolía; pues la luz solar le resultaba muy distinta en la ciudad que en el campo. Aquí, su poder era tan sólo un resplandor, un resplandor sofocante y enfermizo que sólo servía para resaltar las manchas y la suciedad que de otro modo habrían pasado inadvertidas. No había salud ni alegría en el sol de la ciudad. Fanny se hallaba envuelta en una llamarada de agobiante calor, en una nube de polvo movedizo; y su mirada sólo podía vagar de las paredes, manchadas por la marca que en ellas había ido dejando la cabeza de su padre, a la mesa, cortada y mellada por sus hermanos, donde estaba la bandeja del servicio del té, nunca completamente limpia, las tazas y los platos a medio secar, la leche, mezcla de grumos flotantes ligeramente azulados, y el pan con mantequilla, que por momentos parecía más grasiento aún de lo que había salido de manos de Rebecca [la cocinera].

Finalmente, solo se menciona a Antigua para justificar la ausencia de sir Thomas y, de manera indirecta, nos enteramos que su bienestar económico proviene de una de las colonias inglesas (¿esclavitud?, ¿comercio?). Sin embargo, conocer qué pasa más allá de Mansfield Park no aportaría en nada al libro debido al tema que se narra y también porque los personajes que no se interesan más allá de sus actividades personales. Por ejemplo, cuando William cuenta sus aventuras en el mar, algunos prestan atención; otros, como tía Norris, se escandalizan: “¡Dios mío! ¡Qué desagradable! ¡No entiendo cómo hay gente capaz de embarcarse!”; Henry, si bien se deja llevar por la emoción del momento y envidia “la gloria del heroísmo, del esfuerzo, del sufrimiento”, reconoce que “era también buena cosa ser ya hombre de fortuna”.


Referencias literarias

No es un secreto que todo libro dialoga con otros. El problema es que muchas veces, sobre todo cuando se leen libros de siglos pasados, las referencias se pierden. En el Curso de literatura europea, Vladimir Nabokov rastrea las que se encuentran en Mansfield Park.

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Walter Scott. Cuadro pintado por Henry Raeburn, 1821. The Bridgeman Art Library.

Cuando Mr. Rushworth y Henry Crawford comentan que van a talar los árboles de la avenida de Sotherton para crear un paseo, Fanny se indigna y cita el poema “The Sofa”, de William Cowper, que forma parte del poema largo “The Task” (1785): “Ye fallen avenues, once more I mourn you faith unmerited”. Ya en Sotherton, cuando Mrs. Rushworth presenta su mansión a sus invitados y llegan a la capilla familiar, Fanny le comenta a Edmund: “This is not my idea of a chapel. There is nothing awful here, nothing melancholy, nothing grand. Here are no aisles, no arches, no inscriptions, no banners. No banners, cousin, to be ‘blown by the night wind of Heaven.’ No signs that a ‘Scottish monarch sleeps below.’”. Los fragmentos citados son tomados del canto 2 de The lay of the Last Minstel (1805), escrito por Walter Scott.

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Laurence Sterne. Cuadro pintado por Joshua Reynolds, 1759.

Para Nabokov es importante la técnica de la “reminiscencia”, que “consiste en la imitación inconsciente de una imagen una frase o una situación utilizada ya por otro autor anterior. Un autor recuerda algo leído en alguna parte y lo utiliza, lo recrea a su propia manera”. Así, la escena crucial en Sotherton, cuando Mr. Rushworth se retira para buscar la llave que debe abrir la verja que Maria se empeña en traspasar, está tomada del libro de Laurence Sterne A sentimental journey through France and Italy (1768). En este el protagonista Yorick se queda a solas con la mujer que le atrae, debido a que al cochero tiene la llave equivocada del carruaje que debían abordar. La misma situación es recreada en Mansfield Park: al retirarse Mr. Rushworth en busca de la llave, Maria se queda a solas con Henry. Como ella no está dispuesta a esperar el regreso de su prometido, tienta a Henry para cruzar la cerca (transgredir los límites). Maria dice: “No puedo salir, como el estornino de la fábula…”. La fábula es Viaje sentimental… Con esta mención directa a Sterne, como explica Nabokov, se “ex­presa muy bien la tensión e infelicidad de Maria ante su compromiso matrimonial con Rushworth”. Como dato extra, Nabokov también recrea, magistralmente,  esta escena del estornino enjaulado en Lolita. Humbert Humbert recita un poema suyo ante su rival Quilty: “Wanted, wanted: Dolores Haze/ Hair: brown. Lips: scarlet./ Age: five thousand three hundred days./ Profession: none, or «starlet»./ Where are you hiding, Dolores Haze?/ Why are you hiding, darling?/ (I talk a daze, I walk in a maze,/ I cannot get out, said the starling)”. Nabokov preparó su curso entre 1950 y 1951; Lolita fue publicada en 1955, pero obviamente el proceso de escritura es anterior.

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Escena de “Lover’s Vows”, tomada de The British Theatre, volumen XXIII. Agatha y Frederick se reúnen con el conde Wildenhaim, mientras Amelia y Anhalt miran.

La obra de teatro que, al igual que un carnaval, invierte todos los valores de Mansfield Park es Lover’s Vows (1798), pieza que es una adaptación de Elisabeth Inchbald de Das Kind der Liebe, escrita por August Friedrich Ferdinand von Kotzebue. La historia cuenta el romance entre el barón Wildenheim y Agatha Friburg; como ella no pertenece a su clase social la abandona sin saber que espera un hijo suyo. Al igual que en toda comedia de enredos, luego de algunos años se reencuentran y se reconcilian. La otra pareja de la obra la forman Amelia, hija del barón; y el reverendo Anhalt, a quien Amelia enamora. En Mansfield Park, Maria debía representar a Agatha y Henry al barón; solo Fanny se percata de que la cercanía entre ambos aumenta y le horroriza que se amparen en la actuación para coquetear libremente sin que les importe la presencia de Mr. Rushworth, quien interpreta el papel del ‘tonto’ de la obra. La segunda pareja es interpretada por Mary Crawford (Amelia) y, como no podía ser de otra forma, Edmund (Anhalt). Mientras Maria y Henry se refugian en el tablado improvisado en la sala de billar de la mansión, Edmund y Mary coincidentemente deciden practicar sus diálogos en la habitación-refugio de Fanny (era el cuarto de la institutriz, pero Fanny lo usa como refugio pese a que no hay fuego). Fanny sufre bastante al escucharlos declararse de manera indirecta.

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“Henry VIII”, Penguin

La última obra citada es Henry VIII, de Shakespeare. En una de las visitas de Henry, cuando ya pretende a Fanny, lee un fragmento de la pieza teatral con tal ardor que Fanny, quien estaba decidida a no apartar la mirada de su tejido, no puede sino admirarlo. Él nota esto y conversa con Edmund sobre los sermones (Edmund acaba de ordenarse). La diferencia entre ambos es evidente. Edmund realmente está interesado en su oficio, mientras que a Henry solo le atrae la fastuosidad del evento: un sermón para gente de ciudad que pueda entenderlo. Fanny, evidentemente, rechaza la frivolidad de la que hace gala Henry y no puede evitar un gesto de disgusto. [Rocío H.]


Textos citados:

Austen, Jane

2013 Mansfield Park. Traducido por Miguel Martín. Barcelona: DeBolsillo.

Nabokov, Vladimir

1982 “Jane Austen. Mansfield Park“. Lectures on literature. Harcourt.

2012 “Jane Austen. Mansfield Park“. Curso de literatura europea. Traducido por Francisco Torres Oliver. Barcelona: RBA.


[1] Sobre las críticas a este personaje puede consultarse el siguiente artículo: “In defense of Fanny Price”.

[2] En el Curso de literatura europea, Vladimir Nabokov comenta lo siguiente sobre este pasaje: “Las reacciones de Fanny ante el enamoramiento de Edmund quedan plasmadas en la entonación de lo que ahora llamamos corriente de conciencia o monólogo interior, que tan maravillosamente utilizará ciento cincuenta años después James Joyce”.

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