L’amica geniale: Volúmenes 3 y 4, de Elena Ferrante

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La identidad de Elena Ferrante, a la que me refería en un post anterior, sigue todavía –y lo agradecemos— en las sombras. Está por aparecer en setiembre una selección de la correspondencia que sostuvieron por correo electrónico Ferrante y la narradora Nicola Lagioia, Frantumaglia (que ya apareció en italiano), en que conversan, según las propias palabras de su casa editorial, Europe Editions, de la escritura y “el elusivo sujeto que es la mujer”. Mientras aparece el libro que pondrá nuevamente a Ferrante en el centro de la órbita de lectoras de habla inglesa; la última entrega de la saga en su traducción al inglés, The Story of the Lost Child (Storia della bambina perduta) vertida al inglés por la genial editora y traductora Ann Goldstein, fue nominada a los Man Booker International Prize en la categoría traducción, y aunque perdió frente a The Vegetarian de la surcoreana Han Kang, nuevamente se respiraba en las librerías otro ciclo de la llamada “Ferrantemanía”.

Volviendo a la saga La amiga genial, el marco narrativo de los cuatros libros se ubica en el momento en que se enuncia el texto. Lenù, la narradora, recuerda y escribe las memorias de su amiga Lila, reaviva su historia con el fin de recuperarla. Lila está perdida: a los sesenta años decide partir y dejar en Nápoles a su único hijo Rino, llevándose todas sus pertenencias y fotos. Por el uso de este marco narrativo que apela supuestamente a hechos fácticos, se ha leído la novela como narrativa de autoficción, y no pocos ven a Ferrante disputando con el narrador noruego Karl Ove Knausgård. Existen ciertas similitudes entre ambos –ciertas o muchas dependiendo de los lectores—pero habría que notar algo sustancial y que se encuentra fuera del texto. El texto de Knausgård se presenta como una versión de la vida del escritor, con datos que se pueden contrastar: su padre, hermano, esposa e hijos, sus amistades, etc. Se podría hablar de un “pacto” con la “realidad”; mientras que no solo debido al anonimato de Ferrante –y por lo que no podemos contrastar ningún evento, y por ende no habría como enunciar un “pacto”– y también debido a la adicional focalización de la novela en el personaje de Lila –incluso tan importante como el personaje-narradora Lenù, la escritora—la ficción se enfoca en un colectivo y no trabaja en la definición/ construcción de una individualidad. Una de las razones que mencionaba en el anterior comentario sobre los dos primeros libros, es que la poética de Ferrante no se funda en una idea de “interioridad” ni “individualidad” sino en una existencia completamente material que se exterioriza o se “ve” dentro de un entramado colectivo. Así, la individualidad es punto de partida y prisma para ofrecer un fresco de una red social, similar al de las novelas rusas del siglo XIX; no se enfoca en los procesos internos del personaje-narrador.

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Portadas en español de La amiga estupenda. El volumen tres es Las deudas del cuerpo (?) y el 4, La niña perdida. A juzgar por las portadas, Lumen no sabe de qué tratan las novelas.

Los volúmenes 3 y 4, Storia di chi fugge e di chi resta y Storia della bambina perduta1, de La amiga estupenda son los tomos más políticos de la saga. Se puede decir que lo son desde dos frentes; en primer lugar, la trama lleva a Lila y Lenù a participar literalmente en acontecimientos políticos, como en reuniones de gremios de obreros y sus enfrentamientos con los camorristas, así como son testigos de las revueltas del 68 en su versión italiana, y por otro lado, ambas encarnan discursos de la segunda ola del feminismo en su versión más radical. Ferrante opta por abrir la trama para recorrer un cambio paulatino pero violento de la sensibilidad de toda una generación que se hace adulta en los años setenta, y que vive la “modernidad” italiana de finales de siglo XX. Este rastreo no busca acercarse a algún dato documental, es una exploración de diversas sensibilidades, sobre todo la sensibilidad de la experiencia femenina que ha quedado relegada del gran relato de la Historia. En ese aspecto la ficción se afirma femenina y feminista al mismo tiempo. Ofrece una versión de los eventos políticos vistos desde la experiencia personal y desde la experiencia de las comunidades de mujeres. Los registros de las marchas del 68, por ejemplo, privilegian la observación del detalle de las protestas antes que los reclamos sociales; se presta más atención al movimiento cotidiano, la vida íntima y menos atención a la historia oficial que atesoran los libros de texto escolar.

Storia di chi fugge e di chi resta (2013)

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El título del libro es sugestivo porque el libro gira en torno a la partida del barrio de ambas amigas. En este aspecto este libro cierra un ciclo de aprendizaje de ambas: Lenù ingresa al mundo adulto a través de la academia y la escritura, mientras que Lila debe criar un hijo. Aparentemente, una se va y otra se queda, pero en realidad es siempre Lila la que se va, la que empieza, renueva e impone una forma de ser para Lenù. De esta forma, la experiencia de juventud de ambas responden a contextos diversos; una trabaja en una fábrica de embutidos, otra en la universidad, y de esa manera las dos son testigos de una década convulsa de la historia moderna italiana. La ficción teje historias en torno a diversos círculos de “existencia”: la academia y el mundo editorial –desde la perspectiva de Lenù–, los problemas conyugales de ambas, el ambiente de la fábrica de los Soccavo y la gesta de primeros grupos feministas en la fábrica, cuya protagonismo adquiere Lila sin querer, y que denuncian el acoso y la desigualdad; las revueltas de estudiantes y obreros de finales de década, hermanadas a Mayo del 68. De cierta manera, este libro traza un modelo del aprendizaje femenino –o lo actualiza—porque muestra la experiencia de la transición del hogar infantil y el barrio hacia diversas instituciones del espacio público, al que ambas protagonistas deben ajustarse. Porque ambas se enfrentan a una sociedad que no está diseñada a sus medidas y necesidades, dominada por la violencia y el privilegio masculino y que les responde con violencia, incluso con violencia física, ellas no pueden ingresar con facilidad a la esfera pública, sino que responden berligerantes –aunque silenciosa y lentamente– a esta violencia. La contraparte de ello, sin embargo, es cómo la amistad de Lenù y Lila se impone como centro de la trama y resulta un paradigma de la amistad femenina, con sus ambigüedades y tensiones, sin ofrecer una versión limpia ni idealizada de ella en ningún aspecto. Sin ser una amistad siempre cordial y transparente, ambas continúan una alianza, que tiene más paralelos que desavenencias, a pesar de que la educación superior le permite a Lenù movilizarse socialmente y salir de la pobreza y de la postergación social, a diferencia de Lila. Un aspecto interesante de este libro es que cierra un ciclo de aprendizaje sin concretarlo, aunque es en este volumen en que ocurren las transformaciones definitivas de ambos personajes. Lenù se casa y tiene hijos, y experimenta las ambigüedades de la maternidad y los límites que esta le impone no solo como persona sino como escritora. De la misma forma, Lila pasa por una serie de crisis materiales en las que pone a prueba su capacidad de ser madre, y su voluntad de no tener más hijos. En este libro la maternidad esclaviza –se dice literalmente– pero también genera un vínculo diferente entre las mujeres, no solo entre ellas y sus hijos sino entre ellas mismas. Si bien en los libros 1 y 2 el destino y las circunstancias habían separado a las amigas, desde este libro se puede decir que ambas van encontrando un mismo camino, que se hará materialmente uno en el volumen 4 de la saga.

Storia de la bambina perduta (2014)

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 El último volumen es el más extenso de la saga y abarca desde los treinta y dos años de ambas hasta la escritura del libro, que es aproximadamente cuando ambas tienen sesenta años, que es cuando parte Lila. Nada de lo narrado en los tres libros prepara para el cierre que es desgarrador e intenso, y es quizá junto al volumen uno, el más bello y triste de la saga. Durante los tres libros se ve de manera cercana las vivencias de Lenù como madre y escritora, así como la madurez de Lila, quien va progresivamente a tener una carrera como programadora y una vida más acomodada. Las viejas alianzas del barrio se van rompiendo y todos los compañeros de infancia no solo ingresan a nuevas etapas de madurez sino también de decadencia. Así, el panorama conyugal va cambiando, y la autoridad de los padres que solía imponer un decoro va borrándose. Termina por imponerse la ley de los hijos que no replica finalmente la ley de los padres: se siente la crisis de los negocios locales y familiares a favor del gran capital. Las otrora grandes familias del barrio atraviesan un lento proceso de decadencia: así los Carracci y Solara van perdiendo poder y Lila, luego de que decide regresar, se convierte en la nueva autoridad del barrio. Su alianza con Lenù se vuelve explícita y ambas coordinan y deciden concebir sus hijos a la vez. De esa forma, las maternidad las vuelve a unir.

Al margen del aparataje de las instituciones, existe un núcleo que se conserva en los cuatro volúmenes, y es el de las relaciones sociales al margen de las instituciones sociales. Ese núcleo se problematiza, y vemos que las relaciones entre padres e hijos varía sin que exista hacia el final de la saga una “posición” o “reclamo” de los hijos ante los padres; no existe finalmente un enfrentamiento declarado sino desavenencias en que media el amor filial. Mención aparte merece la ruptura de las convenciones sociales –sin llegar a ser chirriante—que se teje lentamente en este libro, de una forma ciertamente elogiable. Si las feministas de la segunda ola –quizá lecturas de cabecera de Ferrante– habían problematizado la monogamia y el lugar (material, emocional y sexual) de la mujer en el matrimonio, Ferrante es la más radical de las escritoras contemporáneas en este aspecto. Sitúa estas ideas en sus posibilidades realizables, o dramatiza lo impensable “racionalmente”: desnuda el hecho que las relaciones amorosas y sociales no son  fijas sino fijadas, y pueden encontrarse –en ciertos casos– en un limbo o en la incertidumbre.  Así, de manera natural, en los libros se dramatiza relaciones amorosas en que pueden estar involucradas más de dos personas, o relaciones en que dos matrimonios se comparten las parejas debido a las circunstancias. En la saga la ficción responde a la inasible experiencia femenina: a cómo existe una necesidad circunstancial a la que no se ajustan las instituciones sociales como el matrimonio o el divorcio, o la tenencia de los hijos. Las instituciones sociales ocurren en un nivel en que ocurren las ideas, mientras que las relaciones que trazan los instintos, las emociones y el azar ocurren en otro, en un universo que no se puede controlar y que está allende a las posibilidades de uno mismo. Es en ese universo en que se resuelve el título del libro: la niña perdida no resulta ser Lila finalmente. También en este volumen se resuelve la borrascosa e intensa relación entre Lenù y su amor de toda la vida, Nino Sarratore: ambos destinos, el de Lila y Lenù, parecen codificarse según la tragedia y de la comedia respectivamente. En ese aspecto, lo inexplicable se impone sobre las instituciones, sobre la razón y sobre la voluntad misma. El ser humano parece encontrarse a merced de un mundo que transcurre violentamente y sin avisar: no hay nada fijo en el universo de Ferrante. Eso convierte sus textos en libros de sorprendente modernidad porque se preocupan por la transformación, a diferencia de las poéticas posmodernas que se ocupa de la movilidad. Su realismo no es un naturalismo, no se responde preguntas sino se las plantea, tampoco es un testimonio de época en que se fija una imagen codificada de la realidad, sino los personajes van moviéndose, transformándose y transformando su entorno a merced de lo desconocido. En ese aspecto, Ferrante pertenece a la estirpe de Balzac y Dostoyevski, a la de escritores realistas que al revelar la arbitrariedad –y componente no-racional– de las convenciones sociales penetran en los misterios del espíritu humano y retratan el movimiento de las historias: el convulso encuentro entre la historia oficial y la pequeña historia, aunque a diferencia de ellos, Ferrante lo realiza desde el lente de la inasible experiencia femenina. [Miluska Benavides]

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