Seis estampas de una vida a la deriva, de Shen Fu

“Nuestra vida a la deriva es inestable como un sueño;

¿por cuánto tiempo podremos disfrutar?”.

Li Bai

Nota sobre el festín en una noche de primavera, en el jardín de melocotoneros y ciruelos.

Con este epígrafe de Li Bai, Shen Fu empieza las seis estampas que retratan su vida. El autor nació en Suzhou, en el último tercio del siglo XVIII, durante la dinastía Qing, la última antes de la proclamación de la República China en 1912. La mención de este periodo histórico es importante, pues se trata del final de la época feudal: el ocaso de la era se evidencia en la inestabilidad del sistema burocrático. Por esta razón, Shen Fu se alejó del servicio público y se convirtió en mercader (tuvo un negocio pequeño y poco rentable). Aunque esta decisión lo condenó a la miseria (no tenía casa propia, debió dejar el cuidado de sus hijos a sus parientes, se mudaba constantemente, etc.), su modo de vida destaca porque es atípico para la época y no sigue los preceptos del confucianismo: renuncia a su familia (solo se dedica a su esposa), evita acumular dinero y rechaza la búsqueda de prestigio, todo con el objetivo de cultivar una vida armoniosa, dedicada al arte y la belleza.

qing 2Shen Fun empezó a escribir las Seis estampas… en 1809, a los cuarenta y seis años, con la intención, no de publicarlas, sino quizás de preservar en papel la existencia de Yun, una mujer excepcional. Si bien el título indica que existen seis partes, solo se conservan cuatro, pues las dos últimas o bien se perdieron o bien no fueron escritas. Los capítulos son “Felicidad conyugal”, “Los pequeños placeres de la vida”, “Las penas de la vida” y “El placer de viajar”. Además de lo recopilado en estas memorias (que no siguen un orden cronológico, sino temático, por lo que no debe sorprender que el narrador repita algunos hechos importantes para él: la diferencia está en cómo los cuenta y qué aspectos busca destacar), no se sabe nada de su autor. El libro empezó a circular gracias a Yang Yichuan en 1877. Años después, debido a la fama que alcanzó (más que por sus méritos artísticos, por el hecho de narrar una historia verdadera), apareció una supuesta versión completa: un tal Wang Chun-ching encontró las  partes faltantes en Suzhou (la edición estuvo a cargo de la World Book Company de Shanghái, y salió a finales de la década de los treinta). Sin embargo, los dos últimos capítulos son apócrifos. Aunque el libro se vende como la historia de amor entre el autor y su cónyuge (literalmente, ambos comparten el mismo yugo: la pobreza), lo que se cuenta es la historia trágica de una familia: la crudeza de la vida real (la pobreza, el hambre, la enfermedad), los intentos de la pareja por hacer llevadera la vida que han elegido (la decisión de alejarse de sus hijos y dejarlos a cargo de parientes), el trágico desenlace (que está anunciado desde el inicio por señales que ambos reconocen y les causa congoja: “Si quiero tener alguna esperanza de envejecer a tu lado, la luna debe aparecer esta noche”, le dice Yun mientras contempla el cielo nublado) y la desaparición de la familia (mueren su padre, su esposa y su hijo).

Como estamos ante un texto que se presenta como verdadero, se debe tener en cuenta el estilo: Shen Fu señala con frecuencia que no completó su educación y al empezar su escritura se disculpa por ello. Pese a ello, su narración ha ganado el aprecio de la crítica, pues se aleja del estilo que imperaba en ese entonces. Nos dice el autor:

Desafortunadamente, nunca pude completar mis estudios y, por lo tanto, soy un hombre de conocimientos limitados y no demasiado diestro en el arte de escribir, por lo cual solo relataré sentimientos verdaderos y hechos reales, sin adornos. Buscarle algún estilo a mi escritura sería como proyectar el resplandor de una luz brillante sobre un espejo sucio y sin pulir.

Hecha esta declaración, empieza a contar cómo llegó a casarse con Yun, y prosigue con las delicias y avatares del matrimonio.

qing1El relato es uno de los elogios más bellos que se haya escrito sobre una mujer fuera de la ficción. Yun fue la compañera ideal de Shen Fu, debido a su belleza, su sensibilidad e inteligencia, que cultivó por sí misma (escribe en verso y prosa), a partir de la lectura de clásicos. Pero no solo fue una mujer culta, ella manejaba bien los asuntos cotidianos. Con mucha dedicación, diligencia y desprendimiento fue Yun quien hizo posible que ambos pudieran vivir frugalmente y dedicados al arte por completo: dio vida a un ambiente artístico que le daba la espalda al “mundo real” y que privilegiaba “la generosidad y elevación de espíritu, el refinamiento romántico, los modales abiertos y sin formalismos, pero sujetos a la moderación, y el gusto por la meditación y la serenidad”. Shen Fu podía entonces acoger en su morada a sus amigos,  con quienes conversaba sobre el devenir de la vida, excepto de “los ascensos oficiales y los traslados de los mandarines, los chismes sobre los incidentes de la actualidad administrativa, las disertaciones sobre los exámenes imperiales de ocho ramas y los juegos de naipes y dados”.

Aparte de sus talentos y disposición, Yun era avezada, y quizá ese era el rasgo que más admiraba Shen Fu. En un pasaje cuenta cómo ella se disfraza con sus ropas para acompañarlo a un festival en el que solo participaban hombres; además, en otra oportunidad logran hacer un viaje juntos (las mujeres no solían viajar) gracias a algunas tretas que ella elabora. Asimismo, narra un hecho que podría escandalizar a cualquier lector occidental: Shen Fu explica cómo Yun le consigue una concubina. Debe anotarse que tener una concubina era una costumbre de la época. Como Yun se preocupa por todos los aspectos de la vida de su esposo, sabe que él no tiene suficiente dinero para mantener una, por lo que, a diferencia de otras mujeres, participa activamente en la búsqueda y encuentra a una joven hermosa e inteligente. Yun, incluso, se enamora de ella y languidece cuando se rompen sus vínculos.

Puede parecer que el lazo que ata a Shen Fu se mantiene por la sensibilidad o a la capacidad intelectual de Yun (en alguna oportunidad le dice que le hubiera gustado que ella naciera varón porque ciertas actividades estaban prohibidas para las mujeres), pero el autor también nos habla de otro aspecto importante de su relación amorosa: además del diálogo también debe de haber erotismo, explica Octavio Paz en La llama doble. Así, en la narración se encuentran detalles eróticos, como la primera noche que duermen juntos. En China, en ese entonces, había dos modelos de escritura amorosa: las historias de amores ideales y los relatos ‘picantes’, como el clásico libro Jin Ping Mei, escrito por el Erudito de las Carcajadas. En Seis estampas… se leen ambos aspectos del vínculo entre un hombre y una mujer.

La armonía de su relación se basa principalmente en la sensibilidad artística de ambos, que queda evidenciada en las conversaciones sobre poesía clásica, el cuidado y la visión artística del espacio (arreglos florales, disposición de jardines y de ambientes en los pabellones, etc.), las reflexiones sobre los viajes y la naturaleza, etc. Ambos poseen la habilidad de trabajar juntos y de apreciar la belleza, a pesar de que, casi siempre, sus problemas monetarios les impidieran llevar una vida agradable. Sin embargo, para lograr este equilibrio, la pareja tuvo que sacrificar a su familia; como se comentó antes, dejaron a sus hijos al cuidado de parientes (en contra de quizá uno de los preceptos más importantes del confucianismo). La crianza de los niños resultaba problemática debido a sus escasos ingresos y, también, pudo haber sido una razón poderosa para que dejaran este ambiente artístico creado para su complacencia y la de sus invitados. Si bien Shen Fu destaca sobre todo sus reuniones y sus reflexiones sobre el arte, su narración no puede omitir la ‘vida real’. Así, en los momentos de crisis, el narrador expone, sin caer en el melodrama, los problemas que afronta por la falta de dinero: el hambre que siente, el esfuerzo que hace por caminar kilómetros en busca de un trabajo (en lugar de trasladarse en algún vehículo), la tristeza por dejar a sus hijos cuando estos se dan cuenta de que los están abandonando, la esperanza por ver el fantasma de Yun luego de su muerte, la súplica de perdón dirigida a Yun porque le es imposible trasladar su féretro a su lugar de origen. Se puede decir que la narración apunta principalmente a contar lo que sucede en la ‘torre de marfil’, pero que la vida real va demoliendo sus bases hasta que no queda nada y el narrador busca refugio en la religión y la naturaleza. Pese a que retomar las tareas cotidianas y buscar un trabajo lo alejan del recuerdo de Yun, no logra superar la culpa por la pérdida de su amada:

¡Ay! Yun vino a este mundo como una mujer, pero poseía el corazón y el talento de un hombre. Desde que cruzó la puerta de mi casa, a partir de nuestro matrimonio, tuve que correr a diario de un lado para otro para procurarnos la comida y el vestido, y aunque ella a menudo carecía de lo necesario nunca se quejó ni una sola vez. Cuando yo vivía en casa, nuestra mayor distracción era conversar sobre libros y sobre literatura. Fue una lástima que tuviera que morir en la pobreza y tras una larga enfermedad. ¿Y de quién fue la culpa? Fue solamente mía. ¿Qué otra cosa puedo decir? ¿Cómo puedo expresar la deuda que contraje con mi querida compañera?

El hecho de que el libro esté incompleto y su carácter de miscelánea refuerzan, sin querer, el título que eligió el autor: realmente estamos ante la narración de una vida a la deriva. Aunque el autor se culpa por el trágico final de Yun y la desintegración de su familia, su escritura tiene la fuerza de reunirlos a todos, incluyéndolo a él mismo, en las cuatro estampas que han llegado hasta nosotros, los lectores.

Sobre la edición:

El libro es una traducción del inglés a cargo de Ricard Vela. Fue publicado en 2012 en la colección Chindia de la editorial Plataforma. Cuenta con una pequeña introducción, un apéndice sobre los capítulos apócrifos, mapas y una cronología bastante útil que sirve como guía de lectura.


Las imágenes que acompañan esta reseña son pinturas del periodo Qing tomadas del blog: https://dinastiaqing.wordpress.com/2015/05/16/la-pintura-de-la-dinastia-qing/

 

 

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