El repliegue de la crítica

Las escuelas de Literatura en el Perú han sufrido un profundo cambio en las últimas décadas. Durante la segunda mitad del siglo pasado, muchos de los creadores más importantes se dedicaron a la enseñanza universitaria: Belli, Cisneros, Guevara, Delgado, Bendezú, Reynoso, Higa, entre otros. En el ámbito de la poesía, diversos talleres de creación tuvieron cierto impacto y se hicieron conocidos por formar a jóvenes autores (el de Martos y Pérez, en San Marcos, y el de Sandoval, en la Universidad de Lima, entre otros). Hoy, la impresión general es que los creadores han sido relegados de la cátedra universitaria, limitados a ocuparse casi únicamente de los talleres de escritura creativa como quienes son confinados a un gueto[1].

Muchas razones, no siempre exentas de contradicciones, explican este cambio tan notorio. La primera tiene que ver con el declive del Humanismo entendido en su sentido más clásico, aquel que enfatizaba el aprendizaje del griego o latín, los abordajes filológicos o el conocimiento erudito de las bases de diversas disciplinas (la Filosofía, la Historia, el Derecho, etc.). La tendencia a la “departamentalización” del campo literario, que obedece a la necesidad de hacerse un lugar en un mercado cada vez más competitivo, considera innecesario, secundario o incluso desechable todo aquello que exceda ciertos marcos cada vez más acotados[2]. Más aún, los criterios científicos de lo académico también han cambiado y mucha de la producción crítica pasada, con que se suele asociar las aproximaciones del creador a la propia creación, es hoy fácilmente dejada de lado con los motes de “biografista” o “impresionista”[3]. Dicho fenómeno excede largamente el ámbito local y está asociado al ascenso de ciertas corrientes teóricas que gozan o han gozado de prestigio en el mundo académico (el posestructuralismo, el psicoanálisis, la deconstrucción, la semiótica, los estudios de género, los estudios culturales, etc.). Su llegada a la universidad peruana se da durante las décadas del 60 y 70, y han pasado de una condición inicialmente marginal a adquirir mayor preponderancia, si bien su actual hegemonía, en el caso local, no es absoluta[4].

Asimismo, cabe precisar que el vertiginoso desarrollo de las tecnologías y los medios de comunicación de masas durante las últimas décadas (sobre todo el Internet) ha trastocado el lugar de la literatura en la sociedad. Discursos como el cinematográfico han ganado un espacio antes impensable en las facultades dedicadas al ámbito de las Humanidades. En esa dirección, los estudios literarios se han abierto al análisis de otro tipo de textos[5]; en realidad, han redefinido su objeto, que ya no se limita necesariamente a aquello que antes se entendía como literatura; hoy el énfasis no se dirige al análisis literario en estricto, sino al análisis discursivo.

Otro aspecto que no debe soslayarse al momento de explicar el porqué de la aparente distancia entre los creadores y la cátedra universitaria tiene que ver con las direcciones que tomó la propia creación literaria de América Latina, sobre todo a partir de la década del 70. Muchas manifestaciones artísticas hicieron suya una actitud vitalista, que es en realidad una toma de posición política, la cual afirmaba que la universidad no constituía el espacio desde el cual debía escribirse; el lugar del creador debía ser la calle, la vida misma. Este giro romántico parte de un contexto social —la Guerra Fría, las dictaduras latinoamericanas, las luchas revolucionarias— y una tradición literaria específicos —el Boom en la narrativa, la poesía conversacional en la poesía— que se concreta en el medio peruano con Hora Zero, el Grupo Narración y el trabajo de conjuntos teatrales como Yuyachkani o Cuatrotablas. En ese sentido, puede entenderse a Jorge Pimentel cuando afirma que el gran mérito de Hora Zero fue “democratizar” la poesía[6], en ello implícito el alejamiento de los claustros académicos. Si bien esto último es harto discutible, ya que la inmensa mayoría de autores cuyas obras conforman el aún muy incipiente canon de la poesía peruana post Hora Zero tiene formación universitaria y, en algunos casos, se han dedicado a la enseñanza[7], esto no impide advertir un cambio. Aquellos creadores que se han mantenido en las universidades, ya sean peruanas o extranjeras, han debido adquirir los códigos académicos para poder sobrevivir.

Sin embargo, mal se haría en creer que la relación entre la creación literaria y la universidad, y aquello que esta representa (como el lenguaje teórico académico de las corrientes mencionadas), es unívoca. Nada más lejano de la realidad. Lo cierto es que existe también una fascinación del creador por la teoría, que quizás inauguran en nuestra tradición poemas como “Quasar/El misterio del sueño cóncavo” de Montalbetti (1979) y “Nudo Borromeo” (1981) de Hinostroza. Dado que aún la gran mayoría de poemarios publicados que conforman el espectro más visible de la poesía peruana reciente pertenecen a autores que han tenido acceso a la educación universitaria, no es de extrañarse que la teoría haya ingresado al mundo de muchos creadores[8]. Ello obliga a replantear la intuición presentada al comienzo del ensayo: no es que los creadores hayan necesariamente desaparecido de la cátedra universitaria, sino que en esta es cada vez menos frecuente un abordaje de la creación literaria como producto de la técnica, es decir, un conjunto abierto de procedimientos verbales que responden a una tradición. Este aspecto más o menos artesanal de la escritura es casi negado de plano en las carreras de los estudios literarios; de ahí la preferencia por aproximaciones teóricas y el menor prestigio de aquellas herramientas del análisis literario que enfatizan en la construcción textual (la narratología, la estilística, etc.). Para decirlo de un modo llano: hoy es mucho más probable que un estudiante de literatura conozca algo de Foucault o Lacan —o al menos haya interiorizado la necesidad de conocerlos para desempeñarse exitosamente en el campo de la investigación literaria— a que haya oído alguna vez el término “encabalgamiento” o sea capaz de definir una metonimia.

Este ensayo no pretende elaborar un juicio acerca de todo lo anterior, sino analizar sus consecuencias en un ámbito específico. No es plausible aseverar que el abandono de la dimensión técnica de la escritura en la universidad afecte la calidad de las producciones literarias del campo local; ello es absurdo en tanto la función de dicha institución nunca fue la de “enseñar” a escribir obras literarias. El poeta o narrador tiene otros medios más eficientes para aprender los rudimentos de su oficio, particularmente la práctica misma — más aún si se es parte de una tradición, me refiero a la poesía peruana, nada desdeñable. Además, un poeta podría no conocer el término metonimia mas aplicarla perfectamente en su propia escritura. Esto último, lamentablemente, no puede ser dicho de un crítico. Considero que el efecto más significativo de abandonar la dimensión formal del texto literario ha sido propiciar un fenómeno que llamo el repliegue de la crítica y que corresponde a una situación particular de nuestra realidad: la casi extinción de la crítica literaria local, particularmente aquella que debería ser capaz de mantener un diálogo con las producciones que le son contemporáneas[9].

*

La abundancia de reseñas, comentarios y recuentos sobre la producción de autores peruanos publicados en diarios, revistas y blogs parece señalar una dirección distinta a la planteada líneas arriba. En efecto, pareciera que estamos viviendo todo lo contrario: algo así como un auge de reseñas y reseñistas. Para evitar equívocos precisaré aquello que me refiero con el término de “crítica”. No pienso tanto en los valiosos estudios a profundidad en los que se analiza a autores más o menos canónicos —habituales en tesis y trabajos universitarios—, puesto que, entre otras cosas, en ese caso el investigador literario cuenta con una tradición de lectura que puede orientarlo en sus posiciones. En general, me ocupo de los textos que cubren una de las tantas funciones de la crítica: comentar con un mínimo de rigor la producción literaria actual o reciente, justamente aquella cuya validez o inserción en el canon es todavía debatible y problemática. Su público no es necesariamente académico, sino que se dirige a una comunidad algo más vasta que incluye a otros escritores, editores y lectores ocasionales. Sus formas no son el artículo académico, sino el ensayo y sobre todo la reseña, ya sea académica o periodística.

Vale decir que la formación universitaria peruana sí contempla talleres de crítica literaria en los que se producen de reseñas[10]. En buena cuenta, cualquier estudiante de Literatura promedio, capaz de realizar extensos ensayos y sesudos análisis, no debería tener ningún problema para dominar la forma de la reseña: una introducción general en que se sitúe la producción analizada, una sección en que se describa los aspectos más relevantes del texto y un cierre que redondee las ideas presentadas. No obstante, una reseña, y cualquier texto crítico en realidad, debe contener algo más: una posición con respecto a aquello que se critica, fundamentada a partir de una lógica argumentativa. Para esto, necesariamente el crítico debe tener un conocimiento vasto de la tradición donde se ubica el texto comentado; la erudición, que es optativa para un creador, es, infelizmente, imperativa para el crítico. ¿Cómo es posible que ello suceda si en las universidades cada vez se lee menos literatura? ¿Qué condiciones astrológicas deben darse para que un estudiante que no ha recibido una formación que contemple el aspecto técnico de la creación literaria sea capaz de emitir una opinión convincente respecto a la relevancia de una obra cualquiera?

Un crítico —al menos del tipo de crítica aquí precisada— no puede ser solo un epistemólogo o un sociólogo de la literatura. Debe ser, y así lo concibo, un potencial creador, o al menos, alguien familiarizado con la práctica escritural[11]. Si es que la formación recibida no enfatiza estos aspectos, es evidente que la reseña buscará esconder tales carencias. Y eso es lo que sucede. La mayoría de reseñas “críticas” aparecidas en medios locales suelen ser meramente descriptivas, son incapaces de situar al autor en una tradición, y escudan una falta de opinión a partir de una supuesta objetividad o el temor de ser acusado de instaurar un canon[12]. Más aún, tengo la impresión de que muchos que se dedican a escribir este tipo de textos no sienten que estén formando una propia trayectoria como críticos. Al parecer, y a esto volveré luego, no existe un lugar para el crítico literario independiente en nuestro campo cultural.

Quizás sea necesario anclar estas intuiciones en un caso concreto. Hace unos meses, la Academia Sueca le otorgó el Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan. La decisión era propicia, casi invitaba, a la opinión; era polémica por un sinnúmero de razones: su escasa obra escrita publicada, el hecho de que sea reconocido antes como músico que como escritor, etc. Más allá de la avalancha de opiniones en las redes sociales y algunos diarios, me llamó la atención un video de ocho minutos de un conocido profesor sanmarquino[13]. Su naturaleza es divulgativa y busca contextualizar a un público no necesariamente académico —salvando las distancias, el tipo de crítica que se discute en este ensayo— acerca del debate sobre la naturaleza literaria de las canciones de Dylan. La lectura que presenta, la oposición entre clásicos y románticos, ciertamente es debatible, cosa en principio positiva de cualquier texto. Empero, no deja de ser llamativo que el expositor en ningún momento tome posición por ninguna de las rutas que él mismo ha dispuesto. Ante ello, podría objetarse que su intención no es otra que rastrear el modo en que el concepto de literatura se expande o contrae de acuerdo a dos tradiciones distintas. Para ello, se sitúa en una posición de distanciamiento, una “objetividad” que no está exenta de cuestionamientos. El tema de fondo es si es que esta es la única posición aceptable desde una perspectiva académica o, dicho de otro modo, si es que no solo la creación literaria, sino también la crítica —en la concepción restringida en que ha sido aquí definida— ha sido defenestrada de las aulas universitarias.

Ello sobre todo porque el video parece ser una de las pocas manifestaciones de académicos locales con respecto al premio, al menos que hayan trascendido al ámbito comunitario[14]. El silencio es decepcionante, ya que el caso Dylan de por sí plantea una serie de temáticas de interés, no necesariamente ajenas a los temas trabajados por los académicos peruanos. ¿No tendrían algo que decir nuestros investigadores locales especialistas en literaturas orales acerca del estatuto de “trovador moderno” con el que se ha catalogado a Dylan? ¿No hay nada objetable en esa categoría para nuestros teóricos, teniendo en cuenta que sus canciones se inscriben en un circuito signado por la reproductibilidad técnica y los medios de comunicación masivos? Más aún, ¿qué sucede para que los conocimientos impartidos en la universidad no tengan la flexibilidad suficiente para adaptarse a los problemas que el presente proporciona?

*

He sostenido que uno de los factores que ha incidido en el repliegue de la crítica es el hecho de que las escuelas de Literatura hayan casi abandonado abordajes centrados en el análisis de los elementos formales, técnicos y compositivos del texto literario. El propio desprestigio de la literatura en nuestra sociedad y el surgimiento de debates que visibilizan conflictividades sociales largamente ocultadas (en nuestro país: la memoria, la violencia política, la situación de la mujer) brindaron una nueva orientación a los estudios literarios. Cobró nuevo realce una idea ya presente en anteriores momentos: dedicarse al análisis de los mecanismos textuales que operan en una novela o un poema no es solamente algo inútil, sino esencialmente conservador, en tanto le quita la posibilidad al investigador de contribuir a problemáticas urgentes y esenciales de la sociedad. Y desde otro ámbito, más imbuido por el discurso teórico, reflotó una noción que cierra el flanco opuesto: sería inofensivo analizar, por ejemplo, la utilización del monólogo interior en una novela cualquiera, en tanto que aquello que realmente representa una contribución al conocimiento sería el rastreo de las estructuras ideológicas que subyacen en dicha obra, con la intención de visibilizarlas y —en tanto sean posiblemente perniciosas— minarlas desde las “trincheras” del mundo académico. En ambos casos, nos recuerdan algo que, al parecer, no debimos nunca olvidar: la literatura es inútil y su análisis solo es provechoso en tanto sirve como coartada para atacar problemas más trascendentales.

No es este el lugar para analizar las distintas capas que han sedimentado dicho sentido común. Sí quisiera evidenciar qué resulta de la abdicación de la literatura por parte de la universidad y de la consecuente extinción de un tipo de crítica literaria. Al abandonar —por razones nobles, por pensar en la sociedad, por evitar el conservadurismo— aquel ámbito que es esencialmente el suyo, nuestra intelectualidad ha entregado el campo cultural al mercado. Al escasear los críticos literarios, al renunciar a las herramientas que le permitirían entablar un diálogo con las producciones actuales, el mundo académico local ha perdido capacidad de acción y se ha vuelto un espectador pasivo de aquello que todos vemos desde hace ya varios años. Quienes reseñan a escritores son otros escritores, personas vinculadas al circuito editorial, o que han entrado al ámbito de la prensa; a veces, las tres cosas juntas. El modo para hacer que un texto circule es una compleja red de cadenas de favores y alianzas estratégicas; los autores están a la caza de reseñas y no los críticos —que lo suelen ser part time, pues una reseña positiva suele entenderse como un favor, como la primera parte de una transacción— a la caza de los libros. Todas estas situaciones presentan serios escollos a la objetividad. Son la causa de que existan publicaciones que tengan como lineamiento no hacer comentarios “negativos” de los libros reseñados. De que una reseña crítica en un medio de difusión sea un acontecimiento semejante a un eclipse, pues siempre es de día en el país de la Marca Perú. De que casi todos los recuentos de fin de año se hayan convertido en listas en las que solo importa la mención, mas no la lectura. De que tratemos poemarios y novelas como commodities, como productos de Amazon, prefiriendo siempre lo cuantitativo (los rankings, las absurdas “calificaciones”) a lo cualitativo.

Muchas veces los cuestionamientos a la calidad de las reseñas, lo que subyace en conceptos como el de “amiguismo”, han denunciado cierta laxitud moral de quienes las escriben. Desde esa perspectiva, las causas de la situación de la crítica son individuales. En este texto, he querido mostrar que las causas tienen que ver también, y fundamentalmente, con la constitución de nuestro campo cultural, en el que un crítico independiente no tiene lugar. Considero que el abandono de las escuelas de Literatura de aquella que es su función primaria —no necesariamente la más importante, pero sí la más inmediata y evidente— es un factor que ha contribuido decisivamente a formar esta situación. Para no ser acusada de intervenir en la formación del canon, la intelectualidad universitaria peruana, frecuentemente muy crítica del neoliberalismo, le encomienda dicha tarea a los representantes del sistema que dice cuestionar. Casi al revés que Mefistófeles, quien se definía como “una parte de aquella fuerza que siempre quiere el mal y que siempre practica el bien”. [Mateo Díaz Choza]

[1] No me referiré a la carrera de escritura creativa que recientemente, a raíz de una serie de factores coyunturales, está atravesando un verdadero “boom”. No conozco de cerca dicho ambiente y creo que todavía debería darse tiempo para evaluar su impacto.

[2] Por departamentalización entiendo una práctica hoy en día muy común en las universidades estadounidenses. Implica la tendencia a que un profesional de la literatura se restrinja a un campo de estudio limitado por diversos criterios como el geográfico (existen especialista en literaturas andinas, del cono sur o el Caribe, por ejemplo).

[3] El biografismo alude a un tipo de interpretación que analiza las obras a la luz de la vida del autor, por lo que muchas de sus conclusiones no son comprobables en el texto. Por su parte, el crítico impresionista sería aquel que presenta posturas basadas en “impresiones” que no llegan a ser sustentadas a partir de una argumentación rigurosa. Vale mencionar que ciertas reseñas que aparecen en los blogs y medios periodísticos suelen incurrir en este tipo de valoraciones.

[4] Evidentemente, no pretendo establecer un juicio valorativo a cerca de este desplazamiento. Los criterios y formas de validación de la ciencia no son estáticos y la renovación es parte de su naturaleza.

[5] Algunos de los cuales, a primera vista, muy alejados de lo literario. Recuerdo que cuando estudiaba en la UNMSM, se promocionaba un proyecto en el que se analizaba la textualidad de los epitafios en los cementerios.

[6] http://revistaperronegro.com/2015/04/05/jorge-pimentel-hora-zero-democratizo-la-poesia-peruana/

[7] Se puede cotejar los nombres mencionados en la antología La última cena o La hegemonía de lo conversacional de José Carlos Yrigoyen (el primer texto cubre a autores de la década del 80, el segundo del 90 y el 2000).

[8] Alguna poesía, sobre todo aquella que se suele denominar poesía del lenguaje, parece operar de un modo semejante al pensamiento lógico filosófico, al adoptar un estilo casi silogístico, como en la obra del propio Montalbetti o, más recientemente, en Libro de las opiniones de Santiago Vera (2014) y Torschlusspanik de Rosa Granda (2016). Otra hace de la teoría su propio objeto, como Apostrophe (2016) de Gino Roldán, uno de los mejores libros del año pasado, casi completamente invisibilizado por la crítica por razones que en este ensayo se buscan aclarar. La asimilación de la teoría al quehacer creativo es evidente en un libro como O de Octavio Mermão (2014), poemario de factura trílcica que, contrariamente al texto vallejiano, parece partir de una hiperconsciencia de concepciones teóricas, cuyo riesgo es la impostación.

[9] Esta hipótesis puede parecer demasiado tajante. La crítica literaria sí tiene presencia en la universidad peruana y ha producido textos de buena, incluso muy buena, calidad — no debe olvidarse, asimismo, que nuestro país ha contado con un figura de enorme trascendencia como la de Antonio Cornejo Polar, cuyos textos siguen siendo reveladores. No obstante, advierto que la incidencia de los críticos formados en los Estudios Literarios con respecto a las producciones actuales es mínima. El medio literario local es mucho más hostil —y esto ya es decir bastante— a textos serios de crítica que a los creativos.

[10] Las escuelas de Literatura de la UNMSM, la PUCP y la UNFV cuentan con talleres de crítica en la currícula del pregrado.

[11] En esencia, el crítico es un escritor de un tipo de texto distinto al creativo. No obstante, su labor exige un conocimiento de los mecanismos propios de la creación literaria.

[12] Existe hoy una acentuada consciencia de que la formación de un canon obedece a una toma de posición ideológica y expresa una visión particular del antologador o historiador de la literatura. La formación del estudiante —nuevamente hablo desde mi propia experiencia— incide en el develamiento de estas posturas y de los intereses que las respaldan, sobre todo en el caso de autores paradigmáticos (Riva Agüero, Sánchez, Mariátegui, etc.), hecho naturalmente positivo. No obstante, parece haber un tabú generalizado en buena parte de nuestro campo literario a arriesgar y asumir esas posturas con sus consecuentes implicancias éticas, estéticas e ideológicas (es parte de la retórica de las antologías y recuentos iniciar con una negativa a “querer definir un canon”, cuando es evidente que, más allá de sus intenciones, así lo hacen).

[13] El video es del profesor Miguel Ángel Huamán y está disponible en el portal de Youtube (https://www.youtube.com/watch?v=5NUewenbWNA).

[14] Más allá de las opiniones vertidas en medios de prensa o redes sociales, solamente he encontrado además este texto de Daniel Mathews: (https://mesaleespuma.lamula.pe/2016/11/12/es-literatura-la-cancion-a-proposito-de-bob-dylan/danielmathews/).

8 comentarios sobre “El repliegue de la crítica

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  1. Estimado Mateo:
    Las tesis de pregrado y posgrado en Literatura en la UNMSM no se orientan, muchas veces, por el campo del psicoanálisis, la semiótica y la deconstrucción, sino que recogen componentes de la Retórica General Textual, la estilística, la narratología y los estudios históricos con el consiguiente análisis de las fuentes secundarias. En tal sentido, muchas veces, siguen el legado de Antonio Cornejo Polar.

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    1. Estimado Camilo:
      Es cierto lo que mencionas. En mi propia tesis de Licenciatura, hice un fuerte énfasis en los estudios históricos y no empleé ni el psicoanálisis, ni la deconstrucción, ni la semiótica. Sin embargo, quisiera hacer una aclaración al respecto. En el ensayo me enfoco en el prestigio de las corrientes teóricas, en particular para aquellos estudiantes que se dedicarán posteriormente a la investigación o la crítica literarias. Considero este factor importante, porque será uno de los elementos que determine qué ámbitos profundizará el estudiante, en cuáles invertirá más tiempo para formarse, etc. En ese sentido, creo que la elección del marco teórico de una tesis no siempre es un indicador preciso de ello, pues muchos veces este se elige de acuerdo a criterios extraliterarios: el primero de ellos, la urgencia de titularse lo antes posible para situarse en el ámbito laboral en las mejores condiciones posibles. Así, en muchos casos el estudiante no opta por el marco teórico de su preferencia, el que le plantee un mayor reto intelectual, sino por aquel que le será más práctico desarrollar.
      Con respecto a lo de Cornejo Polar, efectivamente, cuando fui estudiante del pregrado, la currícula de San Marcos incluía la lectura de varios textos suyos. En realidad, mi texto no pretende señalar mis preferencias por uno u otro abordaje del discurso literario. Me propuse partir de un problema, la situación de la crítica literaria en el Perú (situación que llamo el “repliegue de la crítica”), y proponer una hipótesis: que la formación de la carrera de Literatura no le provee necesariamente al estudiante las herramientas necesarias para el ejercicio de la crítica literaria, por lo menos para cumplir la función específica de la crítica que en el ensayo he precisado.

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  2. Estimado Mateo:
    Hay aspectos de tu ensayo que me llevan a suponer que consideras la crítica literaria de los periódicos como representativa de la crítica literaria peruana. Asimismo, encuentro afirmaciones que podrían calificarse de populista como aquella donde señalas que en la actualidad es más probable encontrarse con un estudiante de Literatura que conozca a Lacan y no pueda dar una definición satisfactoria de la metonimia. Dudo mucho que ese hipotético estudiante que desconoce la metonimia pueda leer sin dificultades a Lacan o tenga el interés en conocer su obra.
    También me he percatado que ves el mundo como blanco o negro, una visión dicotómica de las cosas de la que no sé si extraigas conclusiones provechosas. Partes de una crítica que ya no se centra en el texto y otra que atiende a cuestiones trascendentales, sociales, etc., asuntos que a tu criterio no le corresponden a la crítica. Divides el público en académico y otro más vasto que entiendo es no académico. Hablas de una esencialidad en la literatura que se está descuidando al extremo que la lógica del mercado es la que en la actualidad determina el valor de una novela o un poemario.
    Por todo esto tengo la sensación de que tu ensayo abre demasiados frentes y no los encara con suficiencia. Probablemente, en otro lugar lo harás con mayor solvencia pero aquí el discurso bienintencionado de tu ensayo parece reclamar un tipo de crítica que ya existe pero que no se aplica, precisamente, por los problemas que has planteado. Esto me recuerda a un colega que le pidieron la reseña de una novela para un periódico y le advirtieron de que no sea muy “culturosa”. Los que hacen reseñas literarias en El Comercio o La República probablemente sean más amigos de los directores que literatos ignorantes de conceptos como encabalgamiento. Porque dudo mucho que la medianía profesional sea un requisito que les permita trabajar allí. De la misma forma que considero que el prestigio como narrador o poeta no garantiza clases magistrales, por lo menos en estudios de postgrado y en maestrías que no sean de escritura creativa.
    Es interesante que expongas estos temas pero denunciar que la literatura se encuentra dominada por intereses mercantiles es además de ser una verdad de perogrullo un intento demagogo de reconocerle méritos per se a un creador, narrador o poeta.
    Aludiste también a Miguel Ángel Huamán como el representante de una crítica que no se posiciona. Señalas que dicha postura no está exenta de cuestionamientos. Habría sido interesante que desarrollaras estos cuestionamientos porque, francamente, tu cuestionamiento de la objetividad del profesor Huamán sin darnos las razones de este sí que es cuestionable.
    Tampoco veo mal que el público, académico o no, realice sus recuentos literarios del año o se cree un blog para recomendar libros con más entusiasmo que bagaje teórico. Demostraría que aún la gente está leyendo y que la experiencia de lectura se puede compartir como una foto o una canción. Y esto no es demagogia. Simplemente, estaríamos reconociéndole a Internet ese espíritu democratizador que tanto preocupa a cierta intelectualidad. Sí quieres una crítica independiente no le niegues ese derecho a los que no pasaron por una Escuela de Literatura y si pasaron por ella que hayan encontrado en un blog o su muro de facebook la oportunidad de contarnos por qué les gustó la metonimia o el encabalgamiento en un poema.

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    1. Estimado Literato Comegato:
      Agradezco tu lectura. He encontrado en tu comentario un argumento principal del que se bifurcan una serie de aspectos puntuales. La idea central es que consideras que mi texto posee una visión del mundo absolutamente dicotómica, sin ningún grado de matices (pues, dices, veo el mundo “blanco o negro”). Confieso que me asombra tu percepción, ya que el ensayo busca plantear preguntas y no zanjar cuestiones o estipular verdades. Paso, por ello, a responderte punto por punto:

      1. “Partes de una crítica que ya no se centra en el texto y otra que atiende a cuestiones trascendentales, sociales, etc., asuntos que a tu criterio no le corresponden a la crítica”.

      En realidad, en mi texto solo defino un tipo de crítica, aquella que comenta con un mínimo de rigor la producción literaria reciente. Allí preciso que esta es solo una de las funciones de la crítica, no la única (te invito a releer el primer párrafo, segunda parte). Precisiones semejantes aparecen en el tercer párrafo de la segunda parte cuando señalo claramente que estoy utilizando una “concepción restringida” de la crítica literaria. Evidentemente, existen muchos otros asuntos que le corresponden a la crítica; esta puede desenvolverse en otros ámbitos y formatos. Ello no era necesario desarrollar en mi trabajo pues corresponde a otro tema. No existe pues tal dicotomía, sino una amplitud de posibilidades.

      2. “Hay aspectos de tu ensayo que me llevan a suponer que consideras la crítica literaria de los periódicos como representativa de la crítica literaria peruana”.

      En el ensayo me ocupo de la crítica periodística, de revistas literarias (hay pocas, pero hay) y de blogs. Como arriba ya he mencionado, solamente me refiero a un tipo de crítica literaria y en ningún momento sostengo que aquella que se hace en los periódicos sea representativa de la crítica literaria peruana (te invito a releer la nota 9). Sin embargo, tu comentario me da pie a profundizar un aspecto. ¿Quiénes hacen crítica literaria en los periódicos, revistas y blogs? ¿Son siempre “amigos de directores” como dices? ¿No hay en tales medios mucha gente que ha egresado de facultades de Letras? ¿No tienen o han tenido, pues, algún vínculo con la Academia?

      3. “(…) considero que el prestigio como narrador o poeta no garantiza clases magistrales, por lo menos en estudios de postgrado y en maestrías que no sean de escritura creativa”.

      Bueno, esto es evidente y en ningún lugar sostuve lo contrario. Más aún, podría agregar que el prestigio como narrador o poeta tampoco garantiza clases magistrales en maestrías de escritura creativa, pues quienes nos dedicamos a la enseñanza sabemos que no es lo mismo conocer acerca de un tema que saber enseñarlo.

      4. “Es interesante que expongas estos temas pero denunciar que la literatura se encuentra dominada por intereses mercantiles es además de ser una verdad de perogrullo un intento demagogo de reconocerle méritos per se a un creador, narrador o poeta”.

      Acá, más allá de la adjetivación, francamente no comprendo la relación entre tu premisa y la conclusión. ¿Por qué denunciar que la literatura está dominada por intereses mercantiles es un intento de reconocerle méritos per se a un creador? ¿En qué lugar del ensayo busco reconocerle méritos per se a un creador? Me gustaría que indiques la cita.

      5. “Divides el público en académico y otro más vasto que entiendo es no académico”.

      Esta precisión la hago para indicar que el lector de una reseña acerca de una novela del autor x no es necesariamente el mismo que leería un estudio pormenorizado sobre la obra de dicho autor. Sin embargo, en ningún momento planteo que estas esferas sean dicotómicas. Tranquilamente, podríamos encontrar lectores que transiten entre ambos tipos de textos.

      6. “Hablas de una esencialidad en la literatura que se está descuidando al extremo que la lógica del mercado es la que en la actualidad determina el valor de una novela o un poemario”.

      En primer lugar, no hablo de esencialidades, sino de procedimientos formales, técnicos y compositivos del texto literario. Su estudio, afirmo, tiene cada vez menor importancia en las escuelas de Literatura, lo que repercute en lo que llamo el “repliegue de la crítica”. En ningún momento sostengo que ese fenómeno sea la única causa de que el mercado tenga influencia al determinar el valor de una obra literaria.

      7. “Asimismo, encuentro afirmaciones que podrían calificarse de populista como aquella donde señalas que en la actualidad es más probable encontrarse con un estudiante de Literatura que conozca a Lacan y no pueda dar una definición satisfactoria de la metonimia. Dudo mucho que ese hipotético estudiante que desconoce la metonimia pueda leer sin dificultades a Lacan o tenga el interés en conocer su obra”.

      Aquí tú utilizas la palabra “conocer” pero omites el “algo” que está en mi texto. La palabra elidida permite entender que no me estoy refiriendo a un especialista en Lacan ni a un estudiante que tenga un particular “interés en conocer su obra”, sino a un estudiante promedio de la carrera. El tema de fondo, y que tu comentario no menciona, es el prestigio de las diversas disciplinas. Un estudiante no tiene que estar interesado en conocer una teoría, para saber que dentro de cierto círculo esta tiene prestigio.

      8. “Aludiste también a Miguel Ángel Huamán como el representante de una crítica que no se posiciona. Señalas que dicha postura no está exenta de cuestionamientos”.

      En realidad, aludo a un caso específico: el nobel de Bob Dylan. Señalo que el video de Miguel Ángel Huamán tiene el mérito de ser uno de las pocas elaboraciones de algún académico peruano respecto a dicho caso, mas enfatizo que allí el autor “no toma posición por ninguna de las rutas que él ha dispuesto”. Mi cuestionamiento se deduce de la última oración de ese párrafo (cuarto párrafo, segunda parte). ¿Esa objetividad es la única posición aceptable desde una perspectiva académica? Pues de ser así, se deduciría que la formación académica y el tipo de crítica literaria del que me ocupo (aquella que preciso en el punto 1) no tendrían ninguna relación. Ello podría llevar a una dicotomía. No obstante, notarás que en ningún momento respondo esa pregunta ni zanjo ninguna cuestión respecto a ello.

      9. En tu último párrafo afirmas que no ves mal que el público haga recuentos. Sería ocioso decir que concuerdo contigo y que ello en nada afecta el meollo de mi argumentación.

      Finalmente, a modo de cierre quisiera comentar otro de los adjetivos con que calificas mi ensayo. Dices que es “bienintencionado”. La intención que me animó a escribirlo fue preguntarme si es que existe alguna relación entre el bajo nivel de cierta crítica literaria y la formación que se da en las escuelas de Literatura. Ello implica replantear qué cosas se pueden entender por crítica y cuáles son los objetivos de la formación universitaria de Literatura. También, reconocer que nuestro ámbito académico puede tener alguna responsabilidad en el problema que señalo. Ello puede ser visto de modo negativo por algunos. Desde esa perspectiva, este texto sería indudablemente “malintencionado”.

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  3. Estimado Mateo:
    Trataré de ser tan ordenado en mis respuestas como lo has sido en las tuyas. Te citarpe y luego haré un breve comentario:
    «Agradezco tu lectura. He encontrado en tu comentario un argumento principal del que se bifurcan una serie de aspectos puntuales. La idea central es que consideras que mi texto posee una visión del mundo absolutamente dicotómica, sin ningún grado de matices (pues, dices, veo el mundo “blanco o negro”). Confieso que me asombra tu percepción, ya que el ensayo busca plantear preguntas y no zanjar cuestiones o estipular verdades».

    Comentario:
    Si titulas tu ensayo “El repliegue de la crítica” en lugar de “¿El repliegue de la crítica?” y cuando te leemos te reafirmas en la aserción de que existe un repliegue de la crítica por la lógica del mercado editorial y la objetividad cuestionable –aunque hasta ahora sigues sin explicar por qué es cuestionable- de críticos como Miguel Ángel Huamán, entonces, estimado amigo, no estás planteando preguntas. Estás tomando una posición con todas sus letras aunque dediques buena parte de tu ensayo a hacer un repaso de los tipos de críticas literarias que existen en la actualidad en nuestra sociedad. Me preocupa que cuestiones la objetividad de Huamán respecto al nobel de Bob Dylan pero te muestres satisfecho de tu objetividad respecto a la crítica literaria.

    «1. “Partes de una crítica que ya no se centra en el texto y otra que atiende a cuestiones trascendentales, sociales, etc., asuntos que a tu criterio no le corresponden a la crítica”.
    En realidad, en mi texto solo defino un tipo de crítica, aquella que comenta con un mínimo de rigor la producción literaria reciente. Allí preciso que esta es solo una de las funciones de la crítica, no la única (te invito a releer el primer párrafo, segunda parte). Precisiones semejantes aparecen en el tercer párrafo de la segunda parte cuando señalo claramente que estoy utilizando una “concepción restringida” de la crítica literaria. Evidentemente, existen muchos otros asuntos que le corresponden a la crítica; esta puede desenvolverse en otros ámbitos y formatos. Ello no era necesario desarrollar en mi trabajo pues corresponde a otro tema. No existe pues tal dicotomía, sino una amplitud de posibilidades».

    Comentario:
    Me he perdido un poco cuando dices esto: “Allí preciso que esta es solo una de las funciones de la crítica, no la única (te invito a releer el primer párrafo, segunda parte)”. Esta es solo una y no la única. Sintácticamente, hay algo que no encaja, pero entiendo lo que quieres decir. Serías tan amable de decirnos qué otras funciones tiene la crítica literaria que no sea la crítica literaria. Rehúyes las dicotomías pero creo que aquí has vuelto a plantearnos otra: la crítica rigurosa y aquella que no la es.

    «2. “Hay aspectos de tu ensayo que me llevan a suponer que consideras la crítica literaria de los periódicos como representativa de la crítica literaria peruana”.
    En el ensayo me ocupo de la crítica periodística, de revistas literarias (hay pocas, pero hay) y de blogs. Como arriba ya he mencionado, solamente me refiero a un tipo de crítica literaria y en ningún momento sostengo que aquella que se hace en los periódicos sea representativa de la crítica literaria peruana (te invito a releer la nota 9). Sin embargo, tu comentario me da pie a profundizar un aspecto. ¿Quiénes hacen crítica literaria en los periódicos, revistas y blogs? ¿Son siempre “amigos de directores” como dices? ¿No hay en tales medios mucha gente que ha egresado de facultades de Letras? ¿No tienen o han tenido, pues, algún vínculo con la Academia?»

    Comentario:
    Esperemos que hayan críticos que no sean amigos de directores así tendré oportunidades cuando mande mi currículum. Aunque soy amigo de muchos narradores y poetas. Espero que eso no me descalifique para el puesto.

    «3. “(…) considero que el prestigio como narrador o poeta no garantiza clases magistrales, por lo menos en estudios de postgrado y en maestrías que no sean de escritura creativa”.
    Bueno, esto es evidente y en ningún lugar sostuve lo contrario. Más aún, podría agregar que el prestigio como narrador o poeta tampoco garantiza clases magistrales en maestrías de escritura creativa, pues quienes nos dedicamos a la enseñanza sabemos que no es lo mismo conocer acerca de un tema que saber enseñarlo».

    Comentario:
    Aquí coincido totalmente contigo. Las pocas veces que me he plantado frente a una clase he sentido que no tenía nada interesante qué decir, salvo, “lean”.

    «4. “Es interesante que expongas estos temas pero denunciar que la literatura se encuentra dominada por intereses mercantiles es además de ser una verdad de perogrullo un intento demagogo de reconocerle méritos per se a un creador, narrador o poeta”.
    Acá, más allá de la adjetivación, francamente no comprendo la relación entre tu premisa y la conclusión. ¿Por qué denunciar que la literatura está dominada por intereses mercantiles es un intento de reconocerle méritos per se a un creador? ¿En qué lugar del ensayo busco reconocerle méritos per se a un creador? Me gustaría que indiques la cita».

    Comentario:
    Concretamente, aquí: “Considero que el efecto más significativo de abandonar la dimensión formal del texto literario ha sido propiciar un fenómeno que llamo el repliegue de la crítica y que corresponde a una situación particular de nuestra realidad”. Si son los creadores los que mejor conocen la dimensión formal del texto literario y ahora “sobreviven” gracias a que han tenido que tragar con “los códigos académicos” de alguna manera estás proponiendo echar la mirada atrás y recuperar la sabiduría del “artesano” de la palabra. Si algo hemos aprendido de la semiótica y la teoría de la recepción es a prestar la atención a aquellos elementos que condicionan nuestra lectura. Tendenciosamente, te refieres de un modo condescendiente a los creadores: “relegados a guetos”, “han debido adquirir los códigos académicos para poder sobrevivir”, etc. Las escuelas de Literatura no son casas de acogida para los escritores. Puede parecerte dura esta expresión pero si tuviese que seguir un tratamiento lo haría antes con un médico que con un chamán. Que un creador adquiera los códigos académicos, se forme en teoría literaria no debería escandalizar a nadie. No debería horrorizarnos. Esa visión romántica de que solo un creador puede hablar con mayor autoridad sobre una obra literaria es la misma que se escucha en el fútbol cuando dicen que para ser un buen entrenador hay que tener un pasado como futbolista profesional. Evitemos entrar a discusiones estériles.

    «5. “Divides el público en académico y otro más vasto que entiendo es no académico”.
    Esta precisión la hago para indicar que el lector de una reseña acerca de una novela del autor x no es necesariamente el mismo que leería un estudio pormenorizado sobre la obra de dicho autor. Sin embargo, en ningún momento planteo que estas esferas sean dicotómicas. Tranquilamente, podríamos encontrar lectores que transiten entre ambos tipos de textos».

    Comentario:
    De vez en cuando me topo con esa forma de adjetivar tuya que levanta un muro y pone en lo más alto a los que son literatos de oficio y aquellos que no hacen estudios “rigurosos”, “pormenorizados”, etc. Perdóname si no me siento tan arriba como tú. ¿Cómo te sentirías si te dijeran que lo que has estudiado en San Marcos no es Literatura sino otra cosa, que te falta más teoría? Eso me pasó a mí y tuve que conformarme con una Licenciatura en Filología Hispánica. Bájate cuanto antes de ese muro tan alto que es tan inútil como levantarlo.

    «6. “Hablas de una esencialidad en la literatura que se está descuidando al extremo que la lógica del mercado es la que en la actualidad determina el valor de una novela o un poemario”.
    En primer lugar, no hablo de esencialidades, sino de procedimientos formales, técnicos y compositivos del texto literario. Su estudio, afirmo, tiene cada vez menor importancia en las escuelas de Literatura, lo que repercute en lo que llamo el “repliegue de la crítica”. En ningún momento sostengo que ese fenómeno sea la única causa de que el mercado tenga influencia al determinar el valor de una obra literaria».

    Comentario:
    Veo que no recuerdas tu texto. Te cito: “Al abandonar [la literatura]—por razones nobles, por pensar en la sociedad, por evitar el conservadurismo— aquel ámbito que es esencialmente el suyo, nuestra intelectualidad ha entregado el campo cultural al mercado”. Mejor no hablemos de esencialidades que luego terminaremos preguntándonos qué es la literatura y no acabaremos nunca.

    «7. “Asimismo, encuentro afirmaciones que podrían calificarse de populista como aquella donde señalas que en la actualidad es más probable encontrarse con un estudiante de Literatura que conozca a Lacan y no pueda dar una definición satisfactoria de la metonimia. Dudo mucho que ese hipotético estudiante que desconoce la metonimia pueda leer sin dificultades a Lacan o tenga el interés en conocer su obra”.
    Aquí tú utilizas la palabra “conocer” pero omites el “algo” que está en mi texto. La palabra elidida permite entender que no me estoy refiriendo a un especialista en Lacan ni a un estudiante que tenga un particular “interés en conocer su obra”, sino a un estudiante promedio de la carrera. El tema de fondo, y que tu comentario no menciona, es el prestigio de las diversas disciplinas. Un estudiante no tiene que estar interesado en conocer una teoría, para saber que dentro de cierto círculo esta tiene prestigio».

    Comentario:
    Cuando releo esto que has escrito me apena darme cuenta en lo que se ha convertido la Escuela de Literatura de San Marcos. No obstante, algo de eso ya había observado en mis años de pregrado. En esa época conocí a una compañera que ha hecho carrera de poeta y ha abrazado la causa feminista como si le fuese la vida en ello que me hablaba apasionadamente de su gusto por la literatura francesa. Cuando tuve oportunidad de leer a Madame Bovary la busqué para hablar de la novela y me dijo “algo” avergonzada que no la había leído. Los años pasaron y una revista literaria, esas serias a las que aludes, dirigida por dos Huamán Boy’s como se les conoce a los ex alumnos del profesor Huamán, no dudaron en darle el primer puesto en un concurso de poesía. ¿Hace falta leer a Madame Bovary para ganar un concurso de poesía? No, quizá no haga ni falta leer poesía (estoy siendo irónico).

    «8. “Aludiste también a Miguel Ángel Huamán como el representante de una crítica que no se posiciona. Señalas que dicha postura no está exenta de cuestionamientos”.
    En realidad, aludo a un caso específico: el nobel de Bob Dylan. Señalo que el video de Miguel Ángel Huamán tiene el mérito de ser uno de las pocas elaboraciones de algún académico peruano respecto a dicho caso, mas enfatizo que allí el autor “no toma posición por ninguna de las rutas que él ha dispuesto”. Mi cuestionamiento se deduce de la última oración de ese párrafo (cuarto párrafo, segunda parte). ¿Esa objetividad es la única posición aceptable desde una perspectiva académica? Pues de ser así, se deduciría que la formación académica y el tipo de crítica literaria del que me ocupo (aquella que preciso en el punto 1) no tendrían ninguna relación. Ello podría llevar a una dicotomía. No obstante, notarás que en ningún momento respondo esa pregunta ni zanjo ninguna cuestión respecto a ello».

    Comentario:
    No respondes a esa pregunta pero señalas que lo afirmado por el profesor Huamán no está exento de cuestionamientos y sigo esperando que me digas cuáles son esos cuestionamientos.

    «9. En tu último párrafo afirmas que no ves mal que el público haga recuentos. Sería ocioso decir que concuerdo contigo y que ello en nada afecta el meollo de mi argumentación».

    Comentario:
    No, no es ocioso. Me satisface que alguien tan inteligente como tú concuerde conmigo.

    «Finalmente, a modo de cierre quisiera comentar otro de los adjetivos con que calificas mi ensayo. Dices que es “bienintencionado”. La intención que me animó a escribirlo fue preguntarme si es que existe alguna relación entre el bajo nivel de cierta crítica literaria y la formación que se da en las escuelas de Literatura. Ello implica replantear qué cosas se pueden entender por crítica y cuáles son los objetivos de la formación universitaria de Literatura. También, reconocer que nuestro ámbito académico puede tener alguna responsabilidad en el problema que señalo. Ello puede ser visto de modo negativo por algunos. Desde esa perspectiva, este texto sería indudablemente “malintencionado”».

    Comentario:
    No sé si te has dado cuenta que en tus palabras de cierre das a entender que el bajo nivel de cierta crítica literaria es exclusivamente por factores académicos. Me gusta más tu escritura cuando es malintencionada de verdad y que tiene que ver con tu tesis inicial de que la lógica del mercado es la que impera y que los intelectuales que aún no han pagado su peaje a las teorías multiculturalistas, académica y económicamente tan rentables en la actualidad, contemplan con preocupante pasividad esta situación. Aunque Bordieu se te haya adelantado en esta apreciación se agradece que lo contextualices como lo has hecho.

    Saludos.

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    1. Estimado Literato Comegato:

      Te agradezco por mantener el orden de la discusión y, cómo no, por tu buen humor y las anécdotas que cuentas. Sin embargo, quisiera pedirte algo respecto al debate: juguemos limpio. Hasta en dos ocasiones has tergiversado mis palabras para hacer que estas digan aquello que favorecía a tu lectura (primero, en 6, incluyendo una palabra que no estaba en el original y que altera el sentido y la sintaxis de mi oración; segundo, en la sección final, cuando me parafraseas cambiando totalmente el matiz de lo que digo, aún cuando el texto citado está unas cuantas líneas más arriba). Utilizar esas argucias, mi estimado, no contribuye a un debate serio y lleva toda discusión al absurdo. A continuación, responderé aquello que queda por responder.

      Argumento principal: Mi texto parte de un problema, la situación de la crítica literaria en el Perú (situación que llamo el “repliegue de la crítica”). Ante ello, propongo una hipótesis: que la formación de la carrera de Literatura no le provee necesariamente al estudiante las herramientas necesarias para el ejercicio de la crítica literaria, por lo menos para cumplir la función específica de la crítica que en el ensayo he precisado. Como sabes, las hipótesis son debatibles y sería interesante que aquí formules otras razones a las que yo planteo. Incluso, podría pasar que no estés de acuerdo con el problema tal como lo formulo (quizás opinas que la crítica literaria peruana atraviesa un momento maravilloso). Eso también es debatible y te invito a que lo hagas. Sin embargo, en ningún caso, defender una posición implica que mi texto sea dicotómico.

      1. He sostenido que la crítica literaria tiene más de una función (por ejemplo: contextualizar cierto campo cultural durante un periodo específico, rastrear el desarrollo de una forma genérica en una tradición particular, analizar la obra de un autor y la lista puede seguir interminablemente). Eso es lo que quise decir. Por rigor, entiendo el uso de ciertas convenciones del lenguaje académico (citas, referencias bibliográficas, estructura, etc.).

      2. Buena suerte.

      3. Deben haber sido muy entretenidas.

      4. Para sorpresa tuya, estoy de acuerdo contigo. Por supuesto que la universidad no debe albergar a los escritores por ser escritores. En ningún momento hablo del mérito per se del creador (sigo esperando la cita que lo pruebe); en ningún lugar he sostenido que los creadores necesariamente sean los que mejor conocen la dimensión formal del texto literario. Lo que afirmo es que sería positivo que esa dimensión sea estudiada en la formación universitaria. Aquí, mi buen amigo, estás polemizando nuevamente con tu propia sombra.

      5. Tu comentario no hace ninguna referencia a mi respuesta.

      6. Al incluir la palabra “literatura” en la oración la vuelves confusa, pues cambias tanto su sentido como su sintaxis. No hablo de la esencialidad de la literatura, sino que me refiero a “nuestra intelectualidad” (sujeto de la oración), se entiende, aquella vinculada con la literatura en el ámbito universitario.

      7. Agradezco la anécdota. Va muy en la línea de lo que argumento en el ensayo, ¿no te parece?

      8. Me parece cuestionable que los académicos universitarios no presenten y desarrollen una posición ante un problema específico (el nobel de Dylan). Ese cuestionamiento lo hago extensivo al caso del video de Huamán. Está explícitamente dicho tanto en el ensayo como en mi comentario anterior. Si se quiere, es un cuestionamiento al aspecto ético del ejercicio de ese tipo de crítica, no al epistemológico.

      Sección final: ¿Te das cuenta de que conviertes el “puede tener alguna responsabilidad” de mi texto –oración 5 del párrafo que citas- en el “exclusivamente por” de tu paráfrasis? Me da la impresión de que quien tiene una visión dicotómica del mundo, sin matices, solo con “blancos o negros”, eres tú. Y, por cierto, ¿desde tu punto de vista, la academia no tiene ningún tipo de responsabilidad respecto al nivel actual de la crítica literaria peruana? Pues hasta ahora no has dado ninguna opinión clara sobre ello.

      Saludos

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  4. Estimado Mateo:
    ¿Te has preguntado por qué el profesor Camilo Fernández fue el primero en comentar tu artículo? Sencillamente, porque estabas devaluando lo que ha hecho y aún hace en la Escuela de Literatura de San Marcos. Él es el más notable exponente de aquello que tú echas en falta y que él desarrolla año tras año en la Escuela de Letras. Además tiene muchos trabajos que refuerzan su enseñanza universitaria. Que des por sentado que no existe una competente formación en el análisis del texto literario y se estén olvidando conceptos como la metonimia y el encabalgamiento es una bofetada a lo que el profesor Camilo realiza. Hablaste en una anterior respuesta de que tu ensayo pretendía ser malintencionado pero tengo la impresión de que aquí tu espíritu polemista te ha impedido valorar en su justa medida los aportes, como catedrático y crítico, del profesor Camilo.

    ¿Mi postura sobre la crítica literaria? Maravillosa, y el que niegue lo contrario es que no te ha leído. Afortunadamente, existen blogs como estos y quizá sea finalmente el espacio virtual el lugar propicio a donde van a morir los elefantes, si tomas “morir” por “hacer crítica” y “elefantes” por humildes literatos como tú o como yo. El riesgo de que la crítica prescindible y concesiva domine en los medios masivos puede llevarnos a pensar que sea la única o, aún más peligroso, que sea la que creamos que deba mejorarse. Dejémosla existir impune y miserablemente. Por otro lado, una crítica como la que desarrolla el profesor Huamán es aquella con la que me identifico. Te recomiendo, por ejemplo, la lectura de un texto suyo titulado: “¿Literatura de la violencia política o la política de violentar la Literatura?”. Dicen que la objetividad es una subjetividad más o menos alejada del objeto. Creo que saber lidiar con ese distanciamiento es finalmente la clave de la escritura de un crítico.
    Acerca de tu pregunta: “¿desde tu punto de vista, la academia no tiene ningún tipo de responsabilidad respecto al nivel actual de la crítica literaria peruana?”. Te respondo: pues no. Parafraseando al marqués de Sade: la necesidad te impulsa a robar, pero nada nos impulsa a ser un mal crítico literario. Tú lees porque te da la gana y realizas una reseña, primordialmente, porque la quieres hacer y crees que a alguien le va a importar. La academia no puede ser demonizada porque no simpatizas con lo que escribió Iván Thays. Porque si lo haces entonces irías en contra de tu tesis principal. Que Iván Thays reseñe ampulosa y discutiblemente a ciertos escritores puede obedecer más a razones económicas que a su formación académica. De la misma forma, que mañana tu jefe te diga que hagas la crítica de una novela evitando ser muy “culturosa” no guarda ninguna relación con la academia, salvo si quieres cuestionar la formación humanística de las universidades. Así como algunos han elegido tratar en la medida de lo posible no ver televisión nacional por la sobrepoblación de cierta fauna hinchada a base de esteroides y siliconas, amén de los carroñeros que fagocitan las miserias de estos personajes, creo que del mismo modo sería saludable difundir esa crítica que enriquezca el debate literario antes que aquella que ejerce satisfecha su papel de claque en el circuito literario peruano.

    Saludos.

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    1. Estimado Literato Comegato:
      Como buen “demagogo”, “populista”, al que le encanta “demonizar”, me regocijo en el disentimiento alturado y el intercambio libre de ideas. Tal como dices, esa es la razón de ser de este blog. No tengo nada más que agregar, más allá de precisar algo que se podría haber inferido del párrafo final del ensayo: lo que hago no es criticar la trayectoria individual de ningún profesor (ni la de Miguel Ángel Huamán ni la de Camilo Fernández), sino rastrear las condiciones que han generado el repliegue de la crítica y cuestionar algunos de los objetivos de la formación universitaria de Literatura en nuestro país.
      Buenas tardes

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