Los días escolares de Jesús, de J.M. Coetzee

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A un grupo de interesantes narradores en lengua inglesa que no han nacido en Estados Unidos y Reino Unido, los une una discreta personalidad y una escritura distintiva tanto en la composición de sus ficciones como en su prosa. Entre aquellos se encuentra el irlandés John Banville, el inglés Kazuo Ishiguro, la neozelandesa Eleanor Catton y el sudafricano John Maxwell Coetzee. Sus ficciones parten de saberse en la periferia del idioma. Se puede decir que de este grupo, J.M.Coetzee (Ciudad del Cabo, 1940) es quien ha logrado la consagración tanto por el Nobel de Literatura (2003) como por la atención que ha recibido su obra. No por ello, sin embargo, su obra última carece de interés, sino que como es usual en ciertos maestros, esta ha empezado a explorar arriesgados territorios.

En la obra de Coetzee se puede advertir una serie de motivos. Los personajes de sus ficciones atraviesan crisis causadas por las grietas de la ley o la civilización, en tensión con la llamada barbarie, como Disgrace, In the Heart of the Country, Foe, Waiting for the Barbarians y Life & Times of Michael K.; sus ficciones también pueden abordar el desgaste del cuerpo, la pérdida de la salud y el envejecimiento, como en Age of Iron, Elizabeth Costello, Slow Man y Diary of a Bad Year, o enfrentarse a una extrañada experiencia infantil, como sucede en las dos últimas novelas The Childhood of Jesus y The Schooldays of Jesus, aparecidas en 2013 y 2016 respectivamente.

La infancia de Jesús (2013)

The Schooldays of Jesus, la última novela de Coetzee, es la continuación de The Childhood of Jesus, aparecida en 2013. Ambas narran la historia de David, un niño de cinco años que pierde a su madre y olvida su pasado. Un hombre mayor, Simón, encuentra a David, lo adopta y emprende la búsqueda de la madre del niño. Tras una estancia juntos, ambos escogen como madre a Inés, una joven virgen que adopta a David. Constituida la familia, Simón, David e Inés deciden huir hacia un pueblo vecino para protegerse de los hermanos de Inés, quienes se oponen a su repentina maternidad. Acá culmina The Childhood of Jesus, en una escena que evoca la salida de la sagrada familia de Egipto. Esta sucinta descripción de la trama no hace justicia al tejido de la novela en torno al aprendizaje de David. La novela debe su nombre a los guiños a la vida de Jesucristo, en especial a dos eventos claves: su precocidad y conflicto con la ley judía. Los evangelios describen el debate de Jesús con los rabinos de la sinagoga; David no quiere aprender de sus maestros, quienes le enseñan los fundamentos de la vida escolar inspirada en la lógica platónica: la correspondencia entre los objetos y una idea abstracta –llámese lenguaje o representación-. El niño tampoco sigue las normas sociales. Está convencido de que nada se le puede enseñar y todos concuerdan en que posee un desarrollo intelectual superior que motiva su precoz rebeldía. The Childhood of Jesus se compone de resonancias del relato de la vida de Jesús y recompone la trama en un contexto indeterminado. Novilla, adonde llegan David y Simón, es una pequeña ciudad costera en que se habla español, aunque la novela está escrita inglés. De Simón e Inés no se conoce vida pasada, todos los personajes parecen haber llegado a Novilla tras el olvido de anteriores experiencias. Coetzee utiliza el relato de la infancia de David para explorar el proceso de asimilación de la cultura en la niñez, en este caso el lenguaje. Las dos novelas pueden leerse como un díptico: la primera aborda el lenguaje y la segunda trata sobre la relación entre los hombres y los números.

Los días escolares de Jesús (2016)

The Schooldays of Jesus relata otra experiencia de aprendizaje de David, quien asiste a la Academia de danza de Estrella, la ciudad a donde llegan después de la huida de Novilla. Aunque no se le enseñe a escribir ni sumar, David aprende de una manera alternativa el ser de los números, y la Academia es el único lugar donde el niño quiere recibir educación. Allí se le enseña la relación entre el cosmos y los números, y cómo estos cobran corporeidad por medio de la danza. Su rutina le permite encarnar el movimiento de los astros y encontrarse en presencia de los números. Esta línea narrativa desarrolla la relación del hombre y el cosmos que defendían los artistas románticos. Se puede plantear que tanto en este libro como en The Childhood el asunto de las ficciones es una apología de la analogía platónica, sin embargo pienso que ambos libros la evalúan críticamente pues plantean una drástica distinción entre la filosofía y el arte. Tras cuestionar los fundamentos del lenguaje y las matemáticas, la ficción recurre a la lógica de la poética del romanticismo, el cual es una versión de la analogía platónica que puede resultar en una apropiación creativa bastante diferente de ella. Tanto en la novela de Coetzee como en la poética romántica, el movimiento y el sonido, u otras formas por las que el arte es posible, no son espejismos de una entidad superior, sino son verdaderas presencias. Para los románticos el sonido y el movimiento encarnan la belleza y se revelan como verdades. A diferencia de Platón, los artistas románticos proponen que solo el arte puede revelar verdaderas presencias. Es así como la rutina artística de David encarna el número: el movimiento traslada a la tierra su presencia cósmica. Coetzee insiste en una prosa que no solo describa sino contenga la textura del movimiento; la novela reproduce con maestría estas secuencias de baile.

La ficción se enfrenta a sus asuntos -la danza, la música y la infancia- con las herramientas expuestas en sus primeras páginas: la indeterminación, una narrativa lineal, un lenguaje contenido. Sin embargo la novela parece tornarse otro libro cuando se revela otra línea narrativa: una suerte de invasión de ecos o resonancias de Los hermanos Karamazov. La novela se vuelve dostoyevskiana en la trama y composición; no se trata solo de un homenaje[1]. La trama parece desbordarse; la red textual que se anuda con la ficción de Dostoyevski va desplazando la contención narrativa en buen trecho de la novela, hasta una vuelta a la contención en las últimas páginas. Como el sonido y el movimiento, los ecos de la vida de Jesús y los Karamazov se revelan como presencias corpóreas en la novela: Ana Magdalena, el nombre de la directora de la escuela, es un homenaje a la segunda esposa de Bach, Anna Magdalena Wilcken[2], aunque su nombre y presencia también evocan a María Magdalena y a Agrefevna, Grushenka de Los hermanos Karamazov; Juan Sebastián, el director, recuerda a Johann Sebastian Bach, pero también puede ser Iván Karamazov. Dmitri, el portero y guardián, alude a Dimitri Karamazov, aunque su rol recuerde también a Smerdiakov; finalmente, Alyosha, el empleado de la Academia, hace referencia al menor de los Karamázov. Los personajes contienen más de un rol construido por las ficciones y se desenvuelven según las tramas narrativas precedentes, alejándose del relato matriz, que es la vida de Jesús. Por ello a diferencia del primer libro, a este se le puede acusar de falta de unidad. Sin embargo antes de plantear juicios o conclusiones, habría que desentrañar la relación de este segundo tejido narrativo con el relato de vida de Jesús. The Schooldays of Jesus se construye sobre una línea de relato -la educación de David y su estancia en la Academia- pero luego se reemplaza la excepcional historia de Jesús por otro relato: el desborde pasional de Dimitri Karamázov, el amante asesino. No hay que perder de vista que tanto los Karamazov y el relato de Jesús son relatos de redención, en ello se parecen. La novela trenza dos tramas narrativas que existen de forma independiente en la tradición Occidental y fuerza su encuentro. Si el asunto del libro es la búsqueda de la conexión entre el hombre y el cosmos, que se concreta a través de la danza y las reflexiones sobre la medición; el diálogo con Dostoyevski dramatiza otra forma de vínculo con el cosmos: con su inconmensurabilidad. Así, el cuerpo humano no solo puede contener belleza, como muestra el pequeño David cuando baila los números, sino puede ser recipiente del desborde, figurado en la pasión amorosa de Dmitri, cuyos actos tienen efectos en la trama y en la vida de David; provocan una crisis en la Academia e intervienen sobre los medios y condiciones por los cuales el arte es posible. La danza puede contener el número y convertir el cuerpo en entidad de belleza. Concentrado en la forma, lo no-humano puede ser medido, visto y admirado, sin embargo, ¿qué sucede cuando no se acepta el límite formal o aquel resulta insuficiente? Maestro de las pasiones humanas, Dostoyevski despliega en sus ficciones el desborde de la contención de la razón e incluso su prosa cuestiona los límites formales. Y este desborde se actualiza en la novela, desplazando el protagonismo de David. Tras las consecuencias del crimen pasional de Dmitri, hacia el final, la novela insiste en el retorno del equilibro: Simón baila bajo el brillo de una estrella. En este punto, la novela ya ha presentado una serie de tensiones entre la contención de la forma (de la belleza) y la fluctuante pasión humana.

En esta circunstancia uno puede entender el epígrafe tomado del Quijote, otro eco que resuena en las dos novelas de Jesús, que es, además, una advertencia: “Nunca segundas partes fueron buenas”. En los términos de la primera novela, la segunda parte no es buena; el modelo textual rompe la forma contenida ganada en The Childhood. El epígrafe y la presencia del libro Quijote en la novela son una toma de postura. El Quijote está compuesto de un entramado de textos de diversas tradiciones, épocas y formas discursivas; se trata de un texto que es suma de otros, que se apropia de relatos y voces, pero también desnuda las ficciones que componen lo que llamamos cultura. La obra de Coetzee muestra la diferencia entre el manido mecanismo del homenaje con que mucha ficción posmoderna ha agostado la visita a las formas textuales. En su obra se aprecia el estudio de la composición enunciativa de ciertos narradores que poseen un rico universo textual, como Kafka, Beckett y Dostoyevski, a los cuales Coetzee ha visitado desde el frente que más compete a un narrador: la disputa con convenciones formales -o agotadas- de representación. El planteamiento de estas preguntas y riesgos hacen de esta segunda parte reveladora en muchos términos, sobre todo en materia narrativa, puesto que no es “buena” sino otra cosa: empieza a trazar un camino que el género novela quizá puede -o debe- recorrer en los próximos años. [Miluska Benavides]

[1] En el Maestro de Petersburgo (1994) Coetzee ficcionaliza a Dostoyevski en un universo que se inspira en su propia obra. Se trata de un homenaje que puede brindar claves para la lectura de estas dos últimas novelas.

[2] Anna Magdalena Bach, nacida Wilcken (1701-1760), fue una soprano alemana, segunda esposa de Bach, a quien este dedicó los Notenbüchlein für Anna Magdalena Bach (1722, 1725)La pareja tuvo una intensa colaboración musical, situación que se dramatiza en la novela de Coetzee, en la pareja Juan Sebastián y Ana Magdalena.

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