El ruido y la furia, de William Faulkner

Faulkner Sound and Fury 1000
Primera edición de 1929

Publicada en 1929, tras un proceso de escritura de ocho meses —y cuando su autor cumplía treinta y dos años—, The Sound and the Fury es una de las novelas más celebradas del narrador estadounidense William Faulkner (Mississippi 1897-1962). Autor de una obra singular por sus innovaciones formales y la singularidad de sus universos narrativos, su interés en la relación entre familia, patrimonio, raza e identidades regionales van de la mano con una búsqueda de la expresión singular de los eventos. Su narrativa suele ocurrir en el estado de Mississippi; sea en la ficticia localidad de Yoknapatawpha que aparece desde Sartoris —también de 1929—, o en espacios reales como el actualmente poco poblado condado de Jefferson1, que sirve de escenario a la historia de la familia Compson. La obra de Faulkner influyó decisivamente en la literatura de su país y el extranjero, siendo ella visible en narradores como Carson McCullers, Cormac McCarthy, Toni Morrison, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez2, Mario Vargas Llosa y Juan Carlos Onetti, entre otros.

En cuatro capítulos, The Sound and The Fury cuenta la historia de la familia Compson enfocándose en cuatro de sus miembros: Benjamin (llamado ‘Ben’ o ‘Benji’), Quentin (hermano de Caddy, Benji y Jason), Jason y Dilsey. Abarcando casi tres décadas de acciones, los cuatro capítulos que la conforman abordan la vida de los Compson los días 7 de abril de 1928, 2 de junio de 1910, 6 de abril y 7 de abril de 1928 respectivamente, creando un universo vinculado a los problemas patrimoniales, religiosos y raciales del llamado “sur profundo” o “Deep South” estadounidense.

En una narración que exige una lectura atenta, el recurso al estilo indirecto libre, la corriente de conciencia y la imitación de la oralidad recrean una vida familiar marcada por la poca fortuna y las malas decisiones en el manejo de un patrimonio de trasfondo esclavista, pues emplea a los afroamericanos como mano de obra mal pagada. Lejos del lucimiento formal o el cultivo de un estilo, los saltos temporales, las variaciones de la enunciación y la imitación de la oralidad afroamericana y blanca transmiten una crisis de diseño trágico, revistiendo con un tono de lamento las fluctuaciones de un poder familiar encaminado a la desaparición.

La sensación de flujo circular de las acciones que genera la lectura de The Sound and the Fury responde, me parece, a su diseño. Tres decisiones de composición se manifiestan en la narración: el abordaje de los mismos eventos desde la perspectiva de distintos personajes, la descripción pormenorizada y aleatoria de la acción diaria y el recuerdo, y el abordaje de fenómenos privados que expresan conflictos sociales. En ese sentido, no es casual que la novela comience y termine enfocándose en Maury “Benjamin” Compson en el día de su cumpleaños treinta y tres. Benji es el tercero de los hijos de Jason y Caroline, y padece una discapacidad mental por la cual su entorno lo llama “man-child” —“hombre-niño”, equivalente del término “retardado”—, extendiendo su impacto negativo a la imagen familiar. La novela inicia mostrando a un Benji que contempla en 1928 el campo de golf vendido por su padre antes de 1910 mientras recuerda a su hermana. La imagen de Benji repitiendo el nombre de Caddy permite a los lectores acceder, mediante saltos temporales y recuerdos intercalados, a una crisis en aumento. Más que un contraste entre los hechos de 1928 y los 1910, narrados en el segundo capítulo, el aparente carácter inconexo del primer capítulo dramatiza la perspectiva de Benji para comunicar la experiencia familiar.

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William Faulker por los años en que publicó The Sound and Fury

The Sound and the Fury debe su título a una cita del Macbeth de Shakespeare: “La vida es una sombra andante, un pobre jugador / que alardea y duda un momento sobre el escenario / y luego nadie oye: es un relato / narrado por un idiota, lleno de sonido y furia, / que no significa nada.” 3 (Mi traducción). La cita se vuelve alegórica —en el verdadero sentido del término— en la novela, pues contiene una poética del relato que se manifiesta en los gemidos y expresiones de Benji, transmitiendo la suma de los eventos familiares sin reducirse a alguna de sus manifestaciones. Entre el Benji que recuerda a Caddy mientras oye a los jugadores de golf llamar “caddie”, en referencia a sus asistentes, en el primer capítulo, y el berreo de Benji que cierra la novela, en sus últimas páginas, The Sound and The Fury expresa el sinsentido de la ruina familiar en una metáfora que no se agota en un evento específico. Si bien el enfoque en Benji propicia la narración y constituye el principal significante de decadencia, la atención se dirige luego a los personajes “normales”: sus hermanos Caddy, Quentin y Jason, y a su sirviente Dilsey.

Por la importancia de su vida sentimental para la reputación de la familia y su protagonismo en los dos primeros capítulos, Candace parece ser el personaje más relevante del libro. Favorita de Benji y predilecta de su padre, Caddy se define por una vivacidad y ternura que van de la mano con una sexualidad disipada, que resulta en el nacimiento de su hija Quentin. Mientras tanto, Quentin hermano se atribuye la paternidad de la hija de su hermana, materializando distintos episodios de pulsiones incestuosas. Lejos del recurso al sensacionalismo con que se maneja una situación de este tipo en la narración audiovisual y la ficción de hoy, tal atribución cumple una doble función. Por una parte, sintetiza las interacciones de Caddy en los dos primeros capítulos. Por otra, dirige la atención hacia Jason, un padre que carece tanto de las capacidades para manejar sus propiedades como para forjar dichas capacidades en sus hijos.

Por lo anterior, pensar The Sound and the Fury enfocándose en la construcción de los personajes distorsiona la experiencia de la novela, pues no accedemos a descripciones individuales ni conductas que manifiesten un carácter predeterminado. Ocurre más bien que la narración introduce a los personajes en interacciones aleatorias, alternando hechos y recuerdos con conjeturas y proyectos no consumados. Así, el protagonismo de Quentin modera un proyecto familiar que consiste en extender la legitimidad de la viejos ricos sureños al mandar al hijo a la universidad para hacerse cargo del patrimonio. Pese a sus intenciones nobles, la incapacidad de Quentin para emprender o resolver proyectos —propios o ajenos— solo incrementa la sensación de crisis del relato.

Los capítulos tercero y cuarto extienden el problema de la administración patrimonial a los menores y afroamericanos. La interacción entre Jason —el hermano menor— y Dilsey —la sirviente afroamericana que administra la casa y lidera a los trabajadores de la familia— contrasta dos modelos de liderazgo. La familia conducida por Jason ha perdido ya reputación y patrimonio: a la venta del prado de Benji se suman el deterioro de la casa y otros bienes, así como la dificultad para mantener operativos a sus sirvientes. Ante el liderazgo errático que la sociabilidad acepta se yergue otro, de orden funcional, ejercido por Dilsey. Es ella quien permite el funcionamiento de la casa y las propiedades pese a las carencias.

Además del componente patrimonial, la tensión entre Dilsey y Jason permite el contraste de dos modelos de formación moral, racial y de ciudadanía: el de la familia terrateniente y el del legado esclavista. En ese sentido, los enredos que genera Quentin —la hija de Caddy— en la segunda mitad del libro muestran que, mientras Jason actúa de forma represiva con su sobrina, Dilsey aboga por su autonomía. Mientras Jason demanda respeto por ser un Compson pero se entrega a disputas improductivas, Dilsey empodera a Quentin a la vez que se encarga del patrimonio de sus empleadores, desarrollando un manejo eficiente de la casa que pasa por el bienestar de los sirvientes negros.

Anticipado desde el título, el final del libro es una escena anodina que lleva a un punto climático las energías anteriores. Pese al aparente spoiler, la fuerza de esta novela radica en la intensificación de un patetismo acumulado a lo largo de sus páginas. Ante la incertidumbre que domina el relato, pienso que describir The Sound and the Fury a partir de un acercamiento basado en la construcción de una trama o de los personajes distrae del movimiento de la novela, que pasa de la concentración en Caddie a la situación. Aunque las intervenciones de Caroline, la madre, son esporádicas y bondadosas, su actitud negacionista valida la inacción de su esposo, y la avaricia y el egoísmo de su hermano Maury y su hijo Jason. Ante la posibilidad de resolver tensiones familiares, Caroline elige mantener las cosas como están. Algo similar ocurre en cuanto a la responsabilidad de Jason Compson padre en el manejo de su familia. El silencio del patriarca me parece central en el diseño del libro, pues expresa una carencia de determinación y talento para administrar los bienes y las relaciones familiares. Si bien la novela relativiza la conducción patriarcal al destacar la agencia de los personajes, estos se desenvuelven como un animal decapitado tras la muerte del padre. Mientras tanto, las virtudes ausentes en los Compson se manifiestan en Dilsey, quien sostiene la casa desde su posición subalterna.

Para escribir esta reseña he consultado la edición de 1984, que considera el primer manuscrito y desestima el apéndice de 1945, en el que se ofrece una síntesis del paradero de los Compson. Aunque se aclaran en él más detalles de la trama, no recomiendo su lectura porque este simplifica un relato sobre el fin de un orden y la posibilidad de otro futuro al ámbito patrimonial. Si bien es sabido que el novelista no consideraba viable desmontar la segregación en el sur estadounidense, el diseño de este libro separa el sentimiento de superioridad moral de la capacidad de acción en los Compson, rompiendo el vínculo entre moral, raza y patrimonio4 —que las élites asumen como propio— para depositarlos en Dilsey, quien ve por el bienestar de los personajes negros, y como por una familia dispuesta al fracaso. Así, Faulkner termina por componer una historia en la que los componentes del decoro segregacionista se revelan carentes de fijeza, abiertos a las formas y combinaciones del porvenir. [José Miguel Herbozo]

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1. Frecuentemente se afirma que todas novelas de Faulkner ocurren en Yoknapatawpha, cuando no es así.

2. La influencia de la obra de William Faulkner entre los narradores del Boom latinoamericano es vasta y ha sido largamente discutida entre y por ellos mismos, y luego por numerosa crítica. Aunque puede reconocerse su huella en los autores antes mencionados, es en Cien Años de Soledad de García Márquez que aparece la huella de las dos novelas de 1929. La influencia de Sartoris se manifiesta en la excentricidad y singularidad de varios de los personajes de la familia Sartoris, fundadores, como los Buendía, de la localidad en la que habitan, llegando a haber similitudes de oficios y caracteres entre más de un personaje. En The Sound and the Fury destacan la incapacidad de los Compson para extender su existencia y posición social, el rol del incesto en la dinámica familiar, y la disposición del relato a una organización trágica.

3. “Life’s but a walking shadow, a poor player / That struts and frets his hour upon the stage / And then is heard no more: it is a tale / Told by an idiot, full of sound and fury, / signifying nothing”. Macbeth, acto V, escena V.

4. Quien ha desarrollado parcialmente este aspecto del libro es la notable Hortense Spillers, quien dedica, en su Black, White, and in Color: Essays on American Literature and Culture, el capítulo “Faulkner Adds Up: Reading Absalom Absalom! and The Sound and the Fury” a las dos novelas mencionadas.

 

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